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No hay tiempo que perder

Los gobiernos piden tiempo para solucionar los problemas. En Salta tres niños murieron por desnutrición. Mientras corre el reloj, los poderosos ganan millones. Es hora de que los explotados impongan su tiempo.

Roberto Amador

Obrero de Madygraf y docente de escuela secundaria

Martes 14 de enero | 23:54

Estamos en un momento donde el denominador común de la política nacional argentina es el pedido de tiempo y moderación. Sin distinción, sea el gobierno nacional, provincial, o municipal, objetan ante las ilusiones de los trabajadores y del pueblo pobre que hay que tener “en cuenta la situación”, “que el gobierno anterior…”, “que la pesada herencia”, etc. Alberto Fernández fue claro y dijo que “no hagamos pedidos desmedidos, todo repercute sobre la economía”. Hay que darle un tiempo de gobernabilidad dice también la burocracia sindical de la CGT-CTA.

Mientras tanto

Desde Salta llega una noticia que sucede casi cotidianamente. Tres niños mueren en cuatro días por desnutrición. Los fallecimientos se produjeron por las pésimas condiciones de vida de las poblaciones originarias, que no cuentan con acceso al agua potable ni a la salud ni a la vivienda. El tiempo que se pide se hace carne, pero también muerte. Mientras los funcionarios del Estado piden paciencia, en el devenir cotidiano de la sociedad “la desigualdad de las rentas y de las fortunas no es solamente un hecho económico; implica una desigualdad ante las posibilidades de supervivencia, una desigualdad ante la muerte” [1]. Los tiempos de las instituciones del Estado chocan brutalmente con los tiempos de las necesidades de los trabajadores y el pueblo pobre.

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Todo resulta ser más obsceno cuando quienes se hacen voceros de la mesura en los reclamos son funcionarios que reciben sueldos superiores a los 200000 pesos (dietas), y que aparte de eso, reciben otros beneficio del Estado, superando brutalmente el sueldo de cualquier trabajador y las condiciones de vida de cualquier familia pobre. Exigen moderación y tiempo para gobernar. Para ellos la espera no significa desocupación, precarización laboral, hambre o muerte por desnutrición. No se puede cambiar todo de golpe, dicen, desde las comodidades que les brindan los despachos.

Prepararse para el tiempo de los explotados

Mientras tanto (quien tenga trabajo), de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, de la política los políticos, como decía el Gral. Juan D. Perón, mientras los que cotidianamente mueven la economía, o los que no pueden siquiera realizarse vendiendo su fuerza de trabajo a algún capitalista luchan para vivir con subsidios miserables del Estado. Buscan educarnos a todos y todas, con un discurso de la espera y la resignación, que tiene como objetivo naturalizar el orden establecido donde las prioridades son las ganancias capitalistas. Donde el tiempo que se pide es un tiempo para darle prioridad a la acumulación y que se la sigan “llevando en pala”, en desmedro de la vida, porque o sino, ¿cómo puede entenderse que en algunas comunidades de Salta, donde murieron estos niños desnutridos, falte agua potable, mientras se le garantiza a las mineras la posibilidad de usar millones de litros por día? El tiempo para los capitalistas literalmente es oro.

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De una forma u otra buscan justificarse, neoliberales por un lado, y los “populistas”, por otro, dicen no se puede cambiar todo de la noche a la mañana, hay que ir de a poco, ustedes siempre pidiendo lo imposible, son esos sentidos comunes con los que se nos golpea “constantemente los oídos”, que inculcan, en beneficio de los capitalistas, que “la desigualdad social está enraizada en la desigualdad de los talentos o de las capacidades de los individuos”, o que, “la división de la sociedad en clases sería el producto del “egoísmo innato en los hombres” y, por tanto, es algo propio de la “naturaleza humana”. Son sentidos comunes que no tienen ninguna base científica pero actúan para atomizar en desmedro de una salida colectiva.

Desde La Izquierda Diario levantamos nuestra tribuna para dar pelea contra esos sentidos comunes, porque no siempre hubo ricos y pobres, y no siempre habrá niños muriendo por hambre. En cada hecho trágico como los de los niños muertos en Salta, en cada situación que para los medios oficiales u opositores puede resultar trivial, o un suculento “botín de guerra” para sus disputas políticas, está el choque de los tiempos de las instituciones del Estado Burgués con los tiempos de las necesidades de los trabajadores y el pueblo pobre que en momentos donde las ilusiones se acaben darán cimiento a nuevos organismos de gobierno, del gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre. Esos tiempos tarde o temprano chocaran y para eso nos preparamos, para cuando el tiempo lo impongan los explotados.



[1Mandel Ernest, Introducción al Marxismo





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