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Red Internacional

Enciendo la televisión para mirar las noticias acerca de la movilización del 25. Lo único que transmiten son los vidrios rotos, las pintas, las chicas encapuchadas con martillos en las manos y los destrozos.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Miércoles 1ro de diciembre de 2021 | 18:02

No transmiten a las madres que buscan justicia para sus hijas. Como la mamá y los familiares de Perla, que encabezaron, junto a las trabajadoras en huelga del Sutnotimex, el contingente de Pan y Rosas donde marché. Tampoco a las mujeres trabajadoras que, luego de una pesada jornada laboral, nos damos cita para luchar junto a nuestras compañeras. Mucho menos a las estudiantes y jóvenes que no están dispuestas a ser condenadas a la violencia y la precariedad.

Tampoco dicen nada sobre los miles de efectivos policiales que cercaron la movilización para intimidar a todas a las presentes. Chalecos anaranjados, escudos, extintores, un paso firme y provocador -de quien se sabe impune- y sonrisa burlona de mujeres policías ha sido la constante en las últimas movilizaciones de las mujeres.

Y es que, aunque Claudia Sheinbaum planteó en su primer día de gobierno que quedaría extinto el cuerpo de granaderos, la realidad es que los granaderos siguen amedrentando y reprimiendo las movilizaciones. Es algo a lo que este gobierno pretende acostumbrarnos, pues, desde el movimiento de la diamantina -cuando policías de la CDMX violaron a una jovencita-, las movilizaciones están siempre rodeadas de policías.

Aún recuerdo el 28 de septiembre del 2020 cuando policías de la CDMX encapsularon durante horas a un grupo de manifestantes y hubo un enfrentamiento entre quienes nos movilizamos ese día y la policía, pues se negaban a liberarlas.

El 20 de noviembre, Día Internacional de la Memoria Trans, la policía lanzó gas lacrimógeno, reprimió y encapsuló la movilización de lxs compañerxs.

No es menor que en la Ciudad que en 2018 se convirtió en uno de los peores lugares para ser mujer -al registrarse un incremento alarmante en la tasa de violaciones y feminicidios- pretendan intimidarnos cuando salimos a luchar.

Todos estos acontecimientos no son aislados ni casuales. El mismo 25 de noviembre, en medio de la movilización convocada en Guaymas Sonora, se registró un ataque con armas de fuego, en el que fue asesinada Marisol Cuadras, de 18 años.

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Y es que las mujeres podemos ser una enorme fuerza que motorice al conjunto de la clase trabajadora a romper sus cadenas. Lo vimos el 8 de marzo del 2019 cuando miles inundamos las calles en una enorme marea morada. Por eso utilizan el feminicidio para mantenernos con miedo, por eso utilizan los medios de comunicación para mostrar sólo lo que les es conveniente. Por eso utilizan el hostigamiento laboral, la violencia y la represión para mantenernos calladas.

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La intimidación no cesa

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México informó que en diciembre la Guardia Nacional -con 200 efectivos- comenzará a operar en la zona límite con el Estado de México y que se espera que para 2022 tenga presencia en toda la Ciudad. Esa misma Guardia Nacional que ha reprimido a nuestras hermanas y hermanos migrantes y a quien siguen aumentando cada día más los recursos.

Esto forma parte de la política de seguridad pública que en agosto anunció el presidente Andrés Manuel López Obrador, que pretende relegitimar a las fuerzas armadas y remontar el desprestigio sufrido por las mismas en las últimas décadas. Pero, como expresamos aquí, “la realidad es que el rol del Ejército, la Marina, la Guardia Nacional y otros cuerpos de seguridad, no es resguardar a la población (…). Son instituciones pilares del estado capitalista, defensoras de los intereses de la clase dominante, cuya función es garantizar la estabilidad política y social apelando a la represión cuando sea necesario (…) y al amedrentamiento de la población, a donde apuntan los asesinatos, desapariciones y múltiples violaciones a los derechos humanos perpetrados bajo el manto de la militarización”.

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Rompamos el miedo

Soy maestra y en la escuela nos preparamos para 25 de noviembre con una jornada contra la violencia. Moños morados y naranjas, un mural que nuestras alumnas y alumnos dibujaron, cientos de mariposas con información sobre el día repartidos a docentes, alumnas y alumnos, padres y madres de familia, pues consideramos que las nuevas generaciones deben tomar posición respecto de la situación que vivimos y enfrentarla.

En otros años algunas maestras hemos marchado juntas, sin embargo, cada vez se vuelve más difícil. “Me da miedo marchar, veo mucha violencia en las marchas” “¿Qué tal si me pasa algo?” “Hay muchísima policía, me da mucho miedo” han sido los comentarios de algunas de mis compañeras y amigas.

La única forma de romper el miedo es organizarnos. Necesitamos un gran movimiento de mujeres en las calles. No podemos permitir que además de la violencia que enfrentamos todos los días tengamos que padecer además el amedrentamiento policial.

Organicémonos desde nuestros centros de trabajo, nuestras escuelas, nuestros barrios. Luchemos por poder decidir sobre nuestros cuerpos sin el riesgo de morir. Luchemos por guarderías, por refugios, por licencias de maternidad extendidas. Sigamos organizadas para ponerle un alto a la violencia y los feminicidios. Rompamos el miedo, seamos miles.
Contáctanos y organízate con nosotras.

Contáctanos y organízate con nosotras.

Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Pan y Rosas México




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