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Red Internacional

El asesinato de la médico pasante Mariana Sánchez, no es un caso aislado, refleja la realidad que vivimos miles de mujeres entre la precarización y la violencia feminicida, en medio de esta crisis sanitaria. ¿Cómo le hacemos frente?

Francisca DanielaMaestra de primaria. Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Martes 9 de febrero | 13:22

El pasado 29 de enero fue asesinada la médico pasante Mariana Sánchez Dávalos de 24 años, en la comunidad Nuevo Palestina del municipio de Ocosingo.

Hace dos meses, la médico pasante del servicio social presentó una denuncia ante la Fiscalía General del Estado (FGE), la coordinación de servicio social de la Universidad Autónoma de Chiapas en la facultad de medicina Humana y en la Secretaría de Salud, por un ataque sexual que sufrió, la cual nunca tuvo seguimiento, únicamente le dieron descanso sin goce de sueldo, sin ningún tipo de acompañamiento preventivo, ni cambio de sede.

Hace unos días, se dio a conocer otra violación que padeció la doctora, y es que su cuerpo fue incinerado en un proceso rápido y sin consentimiento de su familia.

La semana pasada, en el marco de un escandaloso proceso, la Fiscalía señaló que "no tiene registro alguno de su denuncia y que la necropsia legal determina que no hay huellas de violencia, ni agresiones sexuales”. Declaraciones que, claramente, son para deslindarse de su responsabilidad omisa y negligente.

La violencia, un rostro de precarización

Tanto en el programa de internado médico de pregrado, en el año de servicio social y la especialidad, como en la residencia médica, se les destina a las y los médicos a condiciones sumamente precarias. En primer lugar porque no son reconocidos como trabajadores por ninguna institución de salud a la que prestan sus servicios, a pesar de que asumen todas las obligaciones y responsabilidades de los médicos generales, y/o de la jurisdicción de la Secretaría de Salud Federal.

Ejercer en las sedes foráneas (rurales) implica un riesgo latente, enfrentando desde becas miserables (salarios que no nombran para no reconocer la relación laboral), desabasto de medicamentos, inseguridad y violencia, hasta la discriminación en total desamparo de las autoridades, instituciones y de la propia justicia.

Estas prácticas, que se llevan a cabo en estos programas para las y los futuros médicos, no son exclusivas de las Universidades Estatales, también son avaladas por universidades como la UNAM, IPN, UAM e instituciones privadas. Esto a pesar de que conocen las cruentas condiciones de exposición cotidiana que viven tanto las y los médicos pasantes de pregrado, como las y los pasantes de servicio social en dichas sedes foráneas, y a pesar de que es sabido por toda la comunidad médica, no se han tomado jamás ningún tipo de medidas para generarles la mínima seguridad, ni estabilidad y mucho menos, plenos derechos laborales.

Todo esto, también es público por la documentación realizada por diversos medios de comunicación, a partir de un centenar de denuncias que han presentado las y los médicos pasantes a sus universidades, respecto a las agresiones, hostigamiento y asesinatos que enfrentan en sus sedes rurales, sin obtener ninguna respuesta por parte de las autoridades y, por el contrario, padeciendo una serie de represalias que, en algunos casos, son claramente por atreverse a denunciar.

Actualmente, bajo la crisis sanitaria ocasionada por el SARS-COV2, la violencia se ha profundizado con el trabajo en riesgo, con las terribles condiciones de precarización que se agudizaron y los feminicidios sin cuarentena.

A pesar de los discursos, las políticas con perspectiva y equidad de género impulsadas por los diferentes gobiernos nada han cambiado ni se han implementado medidas concretas para resolver nuestras demandas, por el contrario, la brutalidad hacia nosotras se agudiza.

¿Basta con perspectiva de género? o ¿Requerimos organizarnos para hacer efectivo #NiUnaMenos?

Ante el asesinato de la médico pasante Mariana, la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, pidió a las autoridades del estado de Chiapas que el caso sea investigado con perspectiva de género e implementó la intervención de la Comisión Nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres (Conavim), señalando en las últimas horas una serie de inconsistencias que vivió Mariana antes y después de su asesinato.

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A pesar de que la funcionaria declaró que “el Gobierno, ha estado capacitando para que tengan perspectiva de género, y no criminalicen a las mujeres, ni las envíen a sus casas dejándolas a su suerte”, en los hechos, esto fue lo que textualmente enfrento la doctora en un estado gobernado por la 4T.

Todo esto bajo el contexto de que la propia Sánchez Cordero viene manifestando en cada ocasión que puede, que la 4T es una transformación feminista que se acota a ocupar espacios con mujeres al frente de cargos con poder político, mientras, por abajo, las mujeres estamos enfrentando terribles condiciones laborales, violaciones a nuestros derechos humanos y sindicales, vivimos dobles cargas de trabajo al interior de los hogares con las labores domésticas y de cuidado, enfrentamos el teletrabajo sin que tenga fin nuestra jornada laboral, las violaciones, desapariciones, la trata de mujeres y los feminicidios.

Mienten. En estos dos años del gobierno de la 4T no ha cesado la violencia que vivimos las mujeres, así que, no basta con un discurso “políticamente correcto” sobre la justicia con “perspectiva de género”, cuando, en los hechos, las políticas de género del Estado conciben a las mujeres como sujetas pasivas y víctimas impotentes, que deben ser rescatadas por sus instancias gubernamentales a través de su tutela. Pero, son estas mismas instituciones las que reproducen la impunidad, la omisión y la negligencia contra nosotras y nuestra clase.

Por ello, se hace urgente que reflexionemos sobre qué medidas contundentes e inmediatas necesitamos para evitar que nos sigan arrebatando a nuestras compañeras.

En primer lugar, necesitamos un Plan Nacional de Emergencia contra la precarización y la violencia feminicida que se haga efectivo desde nuestros centros de trabajo y estudio, es elemental pelear por estos derechos mínimos conquistando la voluntad de miles de nuestras compañeras en unidad con nuestros compañeros que son aliados en esta lucha. No nos vamos a resignar a su “justicia con enfoque de género”, pero a su vez, las feministas socialistas consideramos que para acabar efectivamente con la violencia de género y con toda forma de opresión, es necesario organizarnos contra este sistema patriarcal y capitalista.

Y aunque nos queda claro que es un sujeto, o varios, quien –o quienes- materializan los feminicidios, es importante ver que hay todo un andamiaje ideológico y estructural que lo sustenta y avala. Por eso, el Estado es el principal responsable de los asesinatos de nuestras compañeras. No es una mera cuestión individual, ni un caso aislado, por lo que no basta con que encarcelen al responsable. Necesitamos hacerle frente a toda la violencia feminicida y acabar con ella de raíz por medio de nuestra organización, necesitamos ser miles por miles las mujeres que unitariamente salgamos a las calles para hacer efectivo el #NiUnaMenos. Ya quedó demostrado que, cuando estamos juntas, hacemos temblar a este sistema patriarcal y capitalista.

#8M Paremos todo por Mariana, por Karla, por todas, por todes…

Estudiantes de la Facultad de Medicina Humana de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach) llamaron a un paro de carácter inmediato e indefinido exigiendo que se tomen acciones en contra de quienes habrían hecho caso omiso a las denuncias de Mariana. De igual forma, las y los trabajadores de la sección 50 de Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud se movilizaron en el estado exigiendo justicia por Marian y repudiaron el actuar de las autoridades, junto a colegios y organizaciones del gremio médico y especialistas.

También, el lunes 1 de febrero estudiantes de la Universidad Autónoma de Yucatán, se movilizaron exigiendo justicia para Karla Jhaquelin Gutiérrez, asesinada el año pasado en el centro de salud donde realizaba su servicio social.

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Así mismo organizaciones feministas, a través de redes sociales, proponen para este próximo 8 de marzo realizar un paro a nivel nacional por parte de todo el personal de la salud, durante 24 horas, para exigir justicia y protección a médicos y pasantes #UnDíaSinMédicas.

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En medio esta dura pandemia, en la que las y los médicos han estado salvando vidas con nulos derechos, jornadas exhaustivas, desabasto, alta ocupación hospitalaria, y siempre lo hicieron desde la primera línea, necesitamos unirnos mujeres, jóvenes y trabajadoras, organizaciones feministas, sindicales, políticas y sociales a este llamado, para mostrar, como lo hicimos el 8M 2020, el músculo de nuestra fuerza en las calles, en lucha por nuestros derechos, a través del desarrollo de un movimiento independiente y combativo con las mujeres trabajadoras al frente.




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