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Obama y Trump, unidos en el muro de Ciudad Juárez

La promesa del muro de Trump se empieza a concretar en una de las últimas acciones del gobierno de Obama. Un muro de concreto y acero está en fase final de construcción entre la Puerto Anapra (Ciudad Juárez) y Sunland Park, Nuevo México.

Bárbara Funes

México D.F | @BrbaraFunes3

Miércoles 14 de diciembre de 2016 | 22:21

El muro tiene dos kilómetros de longitud y cuatro de altura. Reemplazará una cerca de alambre en la colonia Puerto de Anapra, en Ciudad Juárez, del lado mexicano, y Sunland Park, Nuevo México, del estadounidense, construida en 1986.

Era el punto de encuentro entre familias residentes en Estados Unidos que entregaban juguetes, comida, ropa o dinero a mexicanos que no tenían autorización para cruzar la frontera o a migrantes deportados.

El argumento de la Border Patrol de El Paso, Texas, es que el muro tiene como objetivo evitar el ingreso de migrantes sin papeles y drogas. Pero los migrantes que tratan por todos los medios de llegar a territorio estadounidense lo hacen con la esperanza de tener una vida mejor. Huyen de la violencia y la miseria provocadas por la aplicación de los planes neoliberales en México y Centroamérica. Huyen de la “guerra contra el narco”, creada por los gobiernos estadounidenses y los mexicanos, mientras ambos permitieron el tráfico de drogas y de armas a través de la frontera.

La ironía es que fueron trabajadores de la construcción de origen hispano los contratados para edificar el muro. Así de perverso es el capitalismo.

De la barda al muro

Colonos de Puerto de Anapra, una de las colonias donde más se ha ensañado la pobreza en Juárez, en una zona poblada de casas de cartón y madera que enfrentan el frío entre los cerros, señalaron que en las fiestas decembrinas familias estadounidenses y organizaciones civiles lanzaban pavos, comida, juguetes y ropa por encima de la malla a migrantes y deportados. La solidaridad del pueblo se hacía sentir.

Esa malla que unía y separaba, permitía que las familias divididas por su estatus migratorio se tomaran las manos a través de la malla. Ahora, ya no se puede: en ese lugar se cavó una zanja de dos metros de profundidad. Es territorio de metal y concreto reforzado, del capitalismo brutal que separa a padres, hijos, hermanos, amigos.

El proyecto de construir la barda existía desde 2006. De acuerdo con la Patrulla Fronteriza, las autoridades estadounidenses tenían proyectado desde 2006, en plena era del republicano George W. Bush. Como la malla era resistente, pospusieron la construcción del muro hasta ahora. Y es Barack Obama, el presidente demócrata saliente, quien lo concreta, como una de sus últimas acciones de gobierno.

No por nada, Obama será recordado como el Deportador en Jefe, con más de 2.9 millones de expulsiones en sus dos administraciones (2009-2017). El mismo que ganó el voto latino con promesas de una reforma migratoria que nunca llegó. El mismo que desarrolló una verdadera industria de la deportación, con cárceles privadas –que incluyen trabajo obligatorio con salarios miserables, verdaderas maquilas a punta de rifle–, industria de la seguridad, servicios de salud (pésimos) para las prisiones privadas. El mismo que encarceló a madres y niños pequeños que solicitaban asilo.

Todo para mantener sojuzgada a la clase trabajadora migrante, y orillarla a aceptar los salarios más bajos, las peores condiciones laborales. Y ese mismo mecanismo fue usado por el empresariado estadounidense para doblegar a la clase trabajadora blanca y afroamericana, para liquidar conquistas laborales.

Ahora, con su política antimigrante, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, busca radicalizar las medidas tomadas por Obama, en el marco del enlentecimiento de la economía internacional. Una forma de beneficiar a los empresarios en medio de la tormenta.

Sólo la mano tendida de los trabajadores, las mujeres y la juventud a un lado y otro de la frontera puede impedir que la crisis capitalista caiga sobre los de abajo. Es desde esta perspectiva que impulsamos una gran campaña contra las deportaciones y la precarización laboral, contra Trump, las trasnacionales y contra quienes pregonan en México la unidad nacional con los empresarios de las reformas estructurales y la entrega del país.

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