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SUPLEMENTO

Oportunismo electoral y lavadas de mano frente a la debacle de La Lista del Pueblo

Fabián Puelma

Oportunismo electoral y lavadas de mano frente a la debacle de La Lista del Pueblo

Fabián Puelma

El derrumbe de La Lista del Pueblo impone urgentemente la necesidad de realizar un balance crítico de dicha experiencia. Este balance resulta incompleto sin sopesar el rol de grupos de izquierda que se reclaman revolucionarios y que apostaron por La Lista del Pueblo como opción de desarrollo político. Nos referimos al Movimiento Internacional de Trabajadores (MIT) de María Rivera, Trabajadoras y Trabajadores al Poder de Gloria Pinto y también grupos como Movimiento Anticapitalista. Mirar para el lado, hacerse los sorprendidos o desentendidos no es opción si se quiere construir una superación por izquierda ante el fracaso del proyecto electoral, y de esta forma combatir el escepticismo o la resignación al mal menor producto de la decepción de miles que confiaron en La Lista del Pueblo.

La caída de Ancalao por presentar 23.135 patrocinios -65% del total presentado- con firma y timbre de un notario que falleció en febrero de este año, marca el fin de La Lista del Pueblo. Se queda sin candidato presidencial, sin Fabiola Campillai como candidata a senadora, sin candidatos a diputados o a CORE y con una bancada de convencionales (ya disminuida) que anunció su independencia respecto de la estructura de La Lista del Pueblo.

Dentro de la izquierda se abre un debate sobre el balance de esta experiencia, considerando que varios grupos que se reclaman revolucionarios apostaron por La Lista del Pueblo como hipótesis de construcción. Hasta el momento se han apresurado en sacar comunicados para desmarcarse de La Lista del Pueblo y lavarse las manos. Desde el MIT dijeron que se “sorprendían” del quiebre, para luego aclarar que hace ya meses no participaban de las reuniones de La Lista del Pueblo. Un verdadero “quiebre” silencioso. Para no quedar mal con nadie, se abstuvieron de anunciarlo públicamente hasta que la explosión del caso Cristian Cuevas hizo insostenible seguir ocultándolo. Ahora pretenden presentar esta abstención como prueba de su “consecuencia” y falta de responsabilidad en la debacle.

Pero dentro de estos grupos hay algunos argumentos que se repiten que muestran la falta de un balance crítico del oportunismo electoral que empujó sus decisiones.

Las razones de la caída

Hoy María Rivera plantea que esto era una especie de “crónica de muerte anunciada” y que era previsible. ¿Pero desde cuándo se podía prever? Porque hace unos meses no decían lo mismo. A fines de diciembre del año pasado planteaban que “La Lista del Pueblo es una de las mejores expresiones de organización de luchadores para intervenir en este Proceso Constituyente, los miembros de la lista siguen en las protestas, a los precandidatos se les exige pruebas de blancura que garanticen no tener casos de corrupción ni vinculación con los partidos de los 30 años, etc. En ese sentido, la lista del pueblo es un esfuerzo importante de unidad para lograr doblarle la mano a las restricciones de los poderosos contra los independientes. Es por eso que como Movimiento Internacional de los Trabajadores participamos de la lista del Pueblo”.

¡Qué efectiva prueba de blancura! Pero si el problema no estaba en su composición ni en sus métodos de elección de candidatos, ¿entonces estaba en su programa? En su comunicado anunciando su quiebre, el MIT afirma “que dijimos que el programa presentado por la Lista del Pueblo no tenía grandes discrepancias con el programa del Frente Amplio o el Partido Comunista”. Pero si leemos la “crítica” (“El MIT en la Lista del Pueblo: Encuentros y diferencias con “La Propuesta País”), es probable que este sea uno de los documentos más condescendientes que se haya escrito sobre el programa. Plantean que “coincidimos en defender una sociedad democrática y con todas las reivindicaciones anteriores”, pero que como programa es una propuesta “peligrosa”, “más allá de las buenas intenciones”. Movimiento Anticapitalista planteó en su balance que la Lista del Pueblo “fundó su acumulación sobre la base de referencia a la revuelta, iconos del estallido social y lo popular y definiciones amplias que permiten contener en un mismo espacio sectores de izquierda y posturas liberales, sin un programa que sustente un objetivo difícilmente se pueda avanzar”. Es decir, que el programa era ambiguo.

Acá hay un primer punto clave de diferencia. El programa de La Lista del Pueblo no era ni ambiguo, ni “peligroso” en general como decía el MIT, ni era un conjunto de "luces y sombras". El Programa que fundó a la Lista del Pueblo tenía como objetivo avanzar a un “Chile de derechos sociales” y como estrategia que “el pueblo escriba la constitución”. Analizando sus medidas, resulta claro que se trata de un programa anti-neoliberal moderado y socialdemócrata.

Esto no es un detalle si consideramos que uno de los requisitos esenciales que impuso la dirección de La Lista del Pueblo a candidatos y organizaciones para formar parte de sus listas, era hacer una declaración jurada acordando con su Programa. Firmar ese programa y luego hacer una crítica tibia y ambigua (o derechamente carecer de un análisis detallado sobre el carácter del programa como en el caso de MA y TP), muestra que en la ecuación, primó más cumplir las exigencias para entrar a los cupos electorales, que un genuino esfuerzo de abrir un debate programático de cara a las y los miles que apoyaron La Lista del Pueblo.

El boomerang del electoralismo

Resulta llamativo que el MIT plantee que “La Lista del Pueblo nace como una importante alternativa electoral para hacer frente a las trabas que la institucionalidad impone a las candidaturas independientes. La reconocemos como un importante espacio de unidad de los activistas”, para al párrafo siguiente decir “no obstante, en los meses posteriores, la Lista del Pueblo se ha transformado cada vez más en un aparato electoral”. ¿Es o no es? ¿Participar fue sólo una mera táctica electoral instrumental o también una apuesta política de construcción? Como vimos, para ellos claramente fue una apuesta de construcción, siendo el MIT uno de los grupos que constituyó La Lista del Pueblo desde sus primeros meses. Ellos confiaron y fueron impulsores del proyecto político de la Lista del Pueblo: por eso su entusiasmo en definirla como la unidad de los activistas devaluando su programa de conciliación de clases.

Es evidente que La Lista del Pueblo generó grandes expectativas y apoyo en importantes sectores que fueron protagonistas de la rebelión. Y por lo tanto, una organización que no se propusiera dialogar con esa base y generar un debate político y programático común, caería presa del sectarismo. Pero para intervenir en este fenómeno político novedoso y por izquierda de los partidos de los treinta años, no hacía falta embellecerlo ni adosarle características que no tenía. Ya vimos que no tenía un programa “confuso” o “centrista”. Pero además resulta claro que La Lista del Pueblo nunca fue un movimiento militante: nació y murió como una herramienta electoral. En función de esto es que aglutinó a decenas de candidatos/as y también fue utilizado por algunas organizaciones sociales para impulsar candidaturas y romper las barreras antidemocráticas. Pero nunca fue participativo y abierto. No hubo asambleas abiertas, ni Congresos públicos. Desde el principio estuvo controlado por profesionales de marketing y expertos electorales, algunos con largo prontuario en campañas de partidos tradicionales.

Hacerse los sorprendidos ahora sólo empeora las cosas. Grupos como el MIT hicieron gala de un oportunismo y utilitarismo electoral tan claro, que asumieron sin diferenciación la épica “independiente” y “contra los partidos”. Llegaron al extremo de ser “más papistas que el papa” criticando a La Lista del Pueblo por claudicar en su lucha contra el partidismo, planteando como principal crítica frente a la deriva que ya se avizoraba luego del éxito electoral de mayo, que “en nuestra opinión va en el camino a formar un partido político, con un programa y una orgánica muy similar a los partidos que existen”. Por su parte, Movimiento Anticapitalista asegura que había “sectores oportunistas cuya única intención fue la de utilizar la plataforma para sus propios intereses electorales”. ¿A quién se refieren precisamente? Porque quienes utilizaron la herramienta para sus fines electorales fue justamente MA y Trabajadoras y Trabajadores al Poder que pasaron del anti-electoralismo más burdo al electoralismo más febril.

La explicación de la debacle de La Lista del Pueblo no es por inexperiencia, programa ambiguo ni falta de participación. Una organización que reduce su programa a que "el pueblo escriba la constitución" para garantizar un "Chile de derechos sociales"; un grupo que no basa su fuerza en su inserción en la clase trabajadora, ni en la auto-organización obrera y popular y que apela a la movilización popular, sino a la "fuerza del voto"; es un grupo que es una hoja al viento en el juego de los poderes reales.

La Lista del Pueblo fue cooptada en tiempo récord, y lo hicieron por dos vías fundamentalmente: la parlamentarización de los convencionales, que quedaron totalmente adaptadas a todos los ritos parlamentarios de una institución que no es más que un pilar más del Estado. Tanto así, que los “convencionales del pueblo” terminaron votando a favor de una declaración que reconoce la subordinación de la Convención a las instituciones del régimen frente a la libertad de las y los presos de la revuelta, propuesta por el Frente Amplio. Y la otra vía de cooptación fue a través de los fondos electorales, la pelea por boletas millonarias, propias de un aparato electoral integrado al régimen.

Nuestra ubicación ante La Lista del Pueblo

Desde nuestro punto de vista, la única forma de intervenir audazmente sobre un fenómeno político con apoyo de masas como La Lista del Pueblo, es viendo de frente las contradicciones concretas que tiene, no inflar ni embellecer. Y de esa forma centrar los esfuerzos en abrir un diálogo y debate político con las y los miles de trabajadores, luchadores, jóvenes y pobladores que confiaron en La Lista del Pueblo.

Con este objetivo, participamos de las Asambleas del Pueblo y propusimos que estos espacios fuesen abiertos a todas y todos los luchadores y se propusieran la tarea de coordinar territorialmente a sindicatos y organizaciones sociales para luchar por un programa de acción que partiera por exigir que la Convención decretara la libertad de las y los presos de la revuelta y se declarara soberana para discutir y deliberar sobre todas las urgencias populares. Y que estos espacios sirvieran también para potenciar la exigencia a las centrales sindicales y demás organizaciones de masas para impulsar la movilización.

Pero conocíamos de cerca los métodos e intenciones de los "fundadores" y también vimos cómo las Asambleas del Pueblo fueron pensadas simplemente como canal de información de las y los constituyentes, no como espacios deliberativos. Vimos cómo muchos de los activistas se decepcionaban rápidamente y se salían de los grupos desde mucho antes que estallara la crisis.

Por otra parte, respecto a la forma de participación electoral, para nosotros el centro está en definir cuál es la táctica que más ayuda a la construcción de una referencia anticapitalista y socialista de la clase trabajadora, con los ojos puestos en la construcción de un partido revolucionario. Es decir, participar como “independiente” y sin programa propio en la Lista del Pueblo pudo haber sido una táctica para sacar votos e incluso cargos, pero, como ha quedado demostrado, no es una táctica que aporte a la construcción de una izquierda de la clase trabajadora que no se subordinada a la cocina del Acuerdo por la Paz y un partido revolucionario.

Por eso es que para nosotros es claro que, teniendo la posibilidad de presentar listas propias sin depender de un aparato que te pone límites de todo tipo (producto de la pelea que dimos para conseguir la legalidad como partido en las principales ciudades del país), pudiendo ir con banderas limpias, con un perfil obrero y revolucionario, ésta constituía la mejor táctica de participación electoral y el mayor aporte que podíamos hacer en ese terreno. Presentarse como partido legal o como independientes son sólo figuras legales y su utilización depende de cuánta fuerza militante tienes para tener legalidad propia. Nosotros también presentamos a Dauno Totoro como candidato independiente en el 2017. Nos fue bien, y sacamos más de 7.500 votos en el distrito 10 en una elección donde el fenómeno electoral era el Frente Amplio que en ese distrito presentaban a Jackson y Mayol, pero jamás nos obnubilamos y dijimos que eso era espacio e influencia propia. Si en ese momento hubiésemos tenido la posibilidad de integrar un frente con programa e identificación propia, no lo habríamos dudado.

Quiéranlo o no, grupos como el MIT deben explicar por qué teniendo hoy una constituyente, han sido incapaces de generar una referencia política más allá de su tribuna. Movimiento Anticapitalista debe explicar el hecho de por qué sacaron "18 mil votos" y no lograron reunir las firmas para volver a presentar candidaturas independientes en las parlamentarias. Resulta evidente que esos votos y patrocinios en convencionales los obtuvieron porque "ocuparon un espacio ajeno" por ser parte de la ola del fenómeno de independientes.

Es por esto, que la lucha por influencia política propia no se resuelve con una candidatura o con una figura conocida, sino que es una combinación entre la agitación política para “sembrar ideas” y luchar por la independencia de clase, la organización y construcción en lugares de trabajo, estudio y territorios a través de fracciones revolucionarias en los sindicatos y demás organizaciones, y el debate de ideas revolucionarias y socialistas.

Esto es lo que está detrás de nuestro trabajo en lugares como en Antofagasta. En donde el avance electoral no puede explicarse por un golpe de suerte, sino producto de un trabajo de años en la lucha de clases y el rol que jugamos durante la rebelión con el impulso del Comité de Emergencia y Resguardo. Sólo por esto se explica que uno de los principales analistas políticos de la región, Cristian Zamorano, plantee que "un punto interesante para el doctor en Ciencias Políticas es lo realizado por el PTR. A diferencia de la extrema derecha, felicita el trabajo de este partido desde el punto de vista del activismo, ya que no en todas las regiones presentan listas y en Antofagasta tienen una concejal, se acudieron a la elección constituyente y ahora confeccionaron una lista completa de candidatos a diputados y senadores. Para el analista, esto responde a una dinámica de activismo en los sindicatos, en el medio obrero y el mundo universitario. “El candidato a gobernador, Lester Calderón, sacó más de 21 mil votos y se presenta a la diputación. Todo esto es un fenómeno que tanto la derecha como la ex Concertación no han tomado en cuenta. Puede que obtengan el quinto cupo en Antofagasta, lo que sería un hito”.

Un llamado a fortalecer el “Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora”

Grupos como el MIT, MA o Trabajadores al Poder tenían como alternativas sumarse al aparato electoral de la Lista del Pueblo, o fortalecer un frente político de independencia de clase, una referencia de la izquierda anticapitalista y de la clase trabajadora. Pese a que ellos mismos reconocen que La Lista del Pueblo estaba controlada desde arriba y estaba a años luz de tener un programa de independencia de clase, eligieron lo primero. Con ello ayudaron a montar la gran decepción que terminó siendo La Lista del Pueblo. Sobre todo María Rivera que ofició de referente y que, como reconoce el MIT en su declaración, renunció a dar una lucha política pública y sólo se retiran abiertamente ahora que el barco ya se estaba hundiendo.

Ante la crisis de La Lista del Pueblo y el fortalecimiento de las variantes reformistas, se vuelve más necesario que nunca fortalecer una referencia política de la clase trabajadora, una izquierda que no se subordine a la cocina del “Acuerdo por la paz y la Nueva Constitución” y se plantee con un programa claramente revolucionario, socialista que luche por un gobierno de las y los trabajadores.

Este balance a modo de polémica, creemos que debe ser la base para un proceso de esclarecimiento político, estratégico y programático colectivo. Y estamos convencidos que si se da con vocación de unidad dentro de las filas de la izquierda revolucionaria, permitirá su fortalecimiento. Es por esto, que nuevamente invitamos a las y los compañeros del Movimiento Internacional de Trabajadores, al Movimiento Anticapitalista y Trabajadoras y trabajadores al Poder, a apoyar y sumarse al Frente de Unidad de la Clase Trabajadora, tal como lo hicimos meses atrás antes de que se inscribieran las candidaturas. No sólo apoyando a sus candidatos, sino también a fortalecer esta coordinación y acuerdo político y programático de independencia de clase.


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Fabián Puelma

@fabianpuelma
Nació en Santiago de Chile en 1989. Abogado. Columnista de La Izquierda Diario.
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