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MENDOZA

"¿Por qué tenemos que estar siempre precarizados?"

Un diálogo con tres jóvenes trabajadores de Las Heras, protagonistas de la lucha Lime y de una nueva generación que se comienza a organizar.

Viernes 14 de diciembre de 2018 | 14:30

Foto: Casandra Martinez

Hace algunas semanas, los trabajadores de Lime conquistaron su continuidad laboral en la municipalidad de Mendoza, luego de que la empresa de Enrique Pescarmona los despidiera aduciendo la finalización de un contrato con la comuna.

Ellos hacían el trabajo de recolección de residuos y limpieza de cunetas y acequias, uno de los trabajos más precarizados e insalubres.

“El conflicto de Lime fue que nosotros entramos por un contrato extraordinario cuando Samusa perdió el trabajo de barrido de cunetas y toda la limpieza de Las Heras. Entonces nosotros entramos a Lime a hacer ese trabajo. Después de dos años y medio, le rescinden a Lime el contrato por este servicio especial y quedamos en la calle 25 familias”, relata Leo, uno de los protagonistas del conflicto. Leo, al igual que muchos de esos 25 trabajadores es un ex trabajador de Samusa, empresa que despidió a más de 60 trabajadores en 2016 y que, tras una larga lucha, conquistaron su continuidad laboral en Lime.

Leo tiene 29 años y dos hijos con Florencia, estudiante de enfermería que se puso a la cabeza de organizar a las familias de los trabajadores para organizar la lucha por los puestos de trabajo. “Nosotros, cuando paso lo de Samusa, no entendíamos mucho y fui entendiendo la importancia de acompañar la lucha. Es importante tener ese compañerismo que se necesita a la hora de luchar. Cuando fue lo de Samusa acompañamos a los trabajadores del casino que también peleaban contra los despidos. Aprendimos lo que es la solidaridad de clase”, relata Flor sobre lo que les dejó la experiencia de lucha en 2016.

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“Luchando, todo se puede”

En los dos últimos años, Leo, al igual que sus compañeros, fue despedido dos veces de empresas tercerizadas de la municipalidad de Las Heras. “Yo fui uno de los últimos que despidieron, fueron cinco días entre que echaron a Guille, que fue el primero y que me despidieron a mí”, relata sobre el despido de la empresa Lime, propiedad de uno de los principales empresarios de la provincia. “Nosotros ya veníamos con una experiencia de organización desde lo de Samusa. Esa vez no teníamos organización ni sabíamos como pelear, ahora ya estábamos más organizados y con experiencia para saber qué hacer”, completa.

Guille, “el primer despedido”, cuenta que “cuando nos echan de Lime, ya sabíamos lo que se venía por la experiencia de Samusa”. Guille, antes de entrar a Lime, había estado tres años trabajado en Samusa y antes había trabajado como changarin en una verdulería y haciendo limpieza y jardinería en el Hospital Lencinas. Leo, por su parte trabajó en la pintura, hasta que entró en Samusa, donde estuvo 6 años. Ellos son parte de una generación de jóvenes trabajadores que son sometidos a los trabajos más precarizados y peores pagos, sin embargo, comienzan a tener sus primeras experiencias de organización para defender sus derechos.

“Luchando todo se puede, las dos veces que me echaron salimos a pelearla”, resume Leo sobre su experiencia, pero también sobre el futuro. Ellos son una generación de trabajadores y trabajadoras que saben que sólo organizándose pueden defender y conquistar sus derechos.

En estas primeras experiencias, como relataba Flor, aprendieron sobre la solidaridad entre trabajadores y trabajadoras: “cuando en Samusa hicimos el fondo de huelga fuimos a Cuyoplacas y recibimos mucha solidaridad, en el Atomo lo mismo. También fuimos a la universidad y muchos chicos se solidarizaron, eso fue muy importante porque vimos a todos los que nos apoyaban, nosotros no sabíamos que nos estaban apoyando”, cuenta Leo. Guille, por su parte, asegura que “la unidad que tiene que haber entre los trabajadores, eso es lo que aprendimos en estos años. Si estas solo te agarran frágil, si estas con tus compañeros, con tu familia, es otra cosa. La lucha nos sirvió para conocernos entre nosotros, conocer a las familias de los compañeros. Y todo lo que recibimos de los trabajadores de Cuyoplacas, del Atomo, de la universidad, ahora se lo podemos transmitir a gente que mañana esté en la misma situación en la que estuvimos nosotros. Es fundamental el apoyo entre todos los trabajadores”.

Esa misma solidaridad, no solo la encontraron en otros lugares de trabajo, sino que también en el instituto terciario donde estudia Flor. Al contarle a sus compañeros de curso la lucha que estaban llevando adelante, “muchos compañeros míos se solidarizaron y nos apoyaron desde su lugar difundiendo nuestra lucha. En los terciarios van gente más laburante, hay muchas familias cursando y hay muchos gastos. Muchos expresaban su bronca porque no eran solo los chicos sino que en muchos lugares hay despidos”.

Siempre precarizados

“¿Por qué tenemos que estar siempre precarizados? ¿Por qué nos faltan las herramientas de trabajo?”, se pregunta Guille. “Hay un compañero que tiene 60 años y nos viene a pedir guantes porque no le dan”, cuenta sobre los problemas cotidianos entre quienes hacen la recolección de basura.

Ellos no solo hacen uno de los trabajos peores pagos, sino que están en la calle, en contacto permanente con miles de trabajadores precarizados que salen día a día a ganarse el pan. “Nosotros estamos todo el día trabajando en la calle y nos cruzamos con gente que esta cirujeando, con los cuidacoches en la plaza de Las Heras, los que venden café en la calle y todos necesitan nuestro apoyo,. Me da bronca porque si todos ayudáramos, sería un mundo un poco más justo”, cuenta Guille. “Vos vas al basural y están esperando que llegue un camión para revisar la basura”, relata Leo sobre la realidad cotidiana que ven desde el camión. Esa misma realidad que va tejiendo lazos de solidaridad entre trabajadores. Ellos mismos cuentan que muchas veces al recolectar juguetes, los separan para entregárselos a los chicos de los barrios populares del departamento.

“Los que la pagamos siempre somos los trabajadores, lo que pechamos el país. Los albañiles, los que limpian, los que hacen el pan son los que más la sufren porque tienen los sueldos más bajos y son los que pagan los platos rotos de estas políticas que están llevando a cabo. Yo estoy decepcionado de la mayoría de los políticos”, resume Guille. Sobre el futuro, asegura que “ante el ajuste y la represión, lo mejor es estar unidos, la lucha la vamos a ganar entre todos. Nosotros hemos tenido suerte porque en las dos luchas hemos salido bien, nos tocó la parte buena, y alguna vez nos tocará perder y eso también será una experiencia”.

“A los jóvenes trabajadores se les hace mucho más difícil justamente por ser jóvenes”

“A los trabajadores les ofrecieron un básico de 7 mil pesos, cuando la canasta básica esta en 22 mil. A los jóvenes trabajadores se les hace mucho más difícil justamente por ser jóvenes, en muchos lados no te toman en serio. Y si no tuviste la suerte de tener el secundario completo, porque la pasaste mal de chico, tus viejos la pelearon y no pudiste tener los estudios que tienen otros no tenés las mismas posibilidades que tienen otros. Nosotros alquilamos, yo estoy estudiando y vivimos al día a día para ver si llegamos a fin de mes”, cuenta Flor.

Ella sabe que no es un problema individual, sino que hay miles de trabajadores y trabajadoras en las mimas condiciones en todo el país: “Nostros el otro pensábamos que por ahí nosotros el 15 ya no teníamos plata pero más o menos la piloteamos para llegar a fin de mes, pero mi vieja es celadora en una escuela y cobra 7 mil pesos y paga un alquiler de $ 5.500. No sé como hace, labura todo el día y no tiene un peso”.

Para terminar la entrevista, Guille relflexiona sobre el futuro que se les viene: “ahora una parte entramos a la municipalidad de Las Heras y otros a Santa Elena (empresa tercerizada que hace el trabajo de recolección en otros departamentos de la provincia). Lo importante será no perder la unión que conquistamos, que nos sigamos organizando porque esto recién comienza. Ahora en la municipalidad tendremos que luchar por mejores sueldos, por mejores condiciones de trabajo. Yo tengo un montón de amigos que trabajan en la municipalidad y están precarizados”.

“Si nosotros nos uniéramos podríamos gobernar el país”

Un grupo de trabajadores de Lime participaron de la charla de Raul Godoy y José Montes de presentación del libro de la historia de Zanón. Allí no solo contaron su lucha, sino que conocieron la experiencia de Zanón en palabras de Godoy: “me impacto muchísimo la historia de Zanón, es para hacer una película y tomarlo como ejemplo. Se organizaron, dijeron la fabrica es nuestra y ahí la tienen trabajando”, cuenta Guille, quien a modo de conclusión sobre esa experiencia opina que “la izquierda está con los trabajadores y si nosotros nos uniéramos podríamos gobernar el país”.






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