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Red Internacional

Las múltiples formas de precariedad de las y los docentes en todos los niveles educativos, no solo se mantienen bajo el gobierno de la 4T, sino que se han profundizado en lo que va de su sexenio.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Jueves 7 de octubre | 02:19

Para desempeñar nuestra labor adecuadamente, las y los maestros necesitamos salarios dignos, estabilidad en el empleo y plenos derechos laborales. Requerimos capacitación pagada dentro de nuestra jornada laboral y jubilaciones que no nos condenen vivir una vejez en la miseria.

Las y los maestros tenemos una responsabilidad enorme. Jugamos un papel preponderante en la formación de las nuevas generaciones y un rol social histórico -de lucha combativa- que nos coloca en una posición privilegiada para aportar a nuestra clase en la tarea de cambiarlo todo. Por eso debemos luchar por defender nuestros derechos y por conquistar nuestras demandas, y para ello debemos recuperar nuestro sindicato para utilizarlo como una herramienta de lucha y organización.

A las y los trabajadores nadie nos ha regalado nada, por lo que, debemos unirnos, en todos los niveles educativos y en todos los sectores. Es indispensable generar un plan de lucha unificado para defender nuestra labor y nuestros derechos laborales porque defenderlos es defender la educación pública.

Si bien, muchos maestros pusieron sus esperanzas e ilusiones en la revalorización del magisterio que López Obrador prometió en su campaña electoral; a más de tres años del inicio de su gobierno, ha demostrado que es un hecho la continuidad de los planes neoliberales contra la educación pública y están más vigente que nunca.

Bajos salarios y flexibilización laboral

Para nadie es un secreto que nuestra labor está cada día más precarizada. Bajos salarios, inestabilidad en el empleo, jornadas laborales extendidas y pérdida de derechos laborales son solamente algunas de las formas más visibles de la precariedad de la labor docente en nuestro país.

Los salarios cada día alcanzan menos. Según un informe del CONEVAL, el poder adquisitivo del ingreso laboral disminuyó 4.8 % desde que empezó la pandemia, pero para las y los maestros no es solo eso, sino que el aumento salarial depende ahora de la evaluación a manos del USICAM -organismo que sustituyó al repudiado INEE en algunas de sus funciones- y se rige por principios de competitividad, eficacia y eficiencia, que son totalmente ajenos a la educación y pertenecen más bien al mundo empresarial, los que generan una enorme desigualdad, pues mientras algunos pocos docentes logran acceder a programas de competitividad para mejorar sus salarios, otros quedan fuera de estos programas y no tienen forma de mejorar sus ingresos, sumado a la división que genera dentro de nuestro sector.

A esta situación se suma la flexibilización laboral docente que responde a nuevas formas de contratación, con menores -o nulas- prestaciones, inestabilidad y pérdida de derechos laborales. Muchos docentes de educación básica ya no son considerados trabajadores, sino beneficiarios de programas sociales, como es el caso de los maestros de inglés del programa PRONI. Lo mismo sucede con docentes de educación superior como los de las Universidades del Bienestar, por dar un ejemplo.

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Aunque la reforma educativa de AMLO eliminó el examen de permanencia, no eliminó el examen de ingreso, por lo que miles de docentes recién egresados de las escuelas normales, deben realizar un examen para tener derecho al trabajo. Sin embargo, esto tampoco les garantiza estabilidad laboral, pues la mayoría son contratados temporalmente y, una vez finalizado el ciclo escolar, deben realizar nuevamente el examen de admisión para poder recontratarse.

A esto hay que añadirle que, con el mismo salario, en tiempos de pandemia y con la educación a distancia, debimos garantizar la continuidad de la educación comprando nuestras propias herramientas de trabajo como computadoras y teléfonos celulares y pagar mes con mes el servicio de internet que además incrementó su costo.

Asimismo, con el regreso a la presencialidad, dado que a las escuelas no se les dotó de lo necesario para un regreso seguro, en la mayoría de los casos, somos las y los maestros quienes, junto a madres y padres de familia, hemos garantizado los insumos necesarios -como gel antibacterial, cubrebocas, jabón, sanitizante, etc.- para poder cumplir con la imposición, sin que se incrementara ni un peso a nuestro ya, de por si, raquítico salario.

Más trabajo por el mismo salario

Otra de las formas que muestran el avance en la precarización de nuestra labor, es el aumento de la carga laboral y el incremento de la jornada de trabajo. Cada día nos adjudican mas tareas, las que implican más tiempo fuera de nuestro horario laboral.

No solo son las planificaciones y elaboraciones de material didáctico, sino ahora se suman juntas de padres y madres de familia en contraturno, mayor carga administrativa; comités de participación escolar que, pervertidos de su función original, sirven únicamente para llenar formatos y establecer protocolos que no se llevan adelante por las autoridades; capacitación fuera de nuestra jornada laboral que, además, poco o nada tiene que ver con nuestra labor en las aulas y la realidad que enfrentamos día a día, y un largo etcétera que provoca un desgaste físico y emocional, además de un cansancio extremo en la mente y cuerpo de las y los maestros.

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Aunado a esto, el regreso inseguro en las escuelas ha provocado un estrés aun mayor, pues además de lo mencionado, las y los maestros hemos tenido que asumir el costo emocional de contener a nuestros alumnos y alumnas que no tienen ningún otro soporte psicosocial. Niños y niñas huérfanos por la pandemia, chicos que no tienen nada que llevarse a la boca y que padecen cotidianamente el riesgo de contagio al encontrarse en condiciones inseguras dentro de la escuela.

Todas estas condiciones merman nuestra capacidad para llevar adelante nuestra labor de manera adecuada. Las y los docentes estamos cansados, estresados, con miedo y con angustia.

Y esto es muy conveniente para quienes quieren evitar que el magisterio juegue el rol que las y los maestros podemos jugar organizándonos para cambiar las cosas junto al resto de nuestra clase.

No podemos seguir permitiéndolo. Luchar contra la precariedad, es luchar por la educación pública.




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