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Easy Call: un call center donde el maltrato es moneda corriente

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Viernes 15 de julio de 2016 | 10:22

Escribo esta nota para La Izquierda Diario porque quiero avalar los comentarios que sacan a luz el verdadero trato o mejor dicho maltrato que dan en Easy Call. Por mi parte cuento mi experiencia vivida, ya que hoy puedo tener esta oportunidad de hablar del infierno que viví en el lugar de trabajo que ellos tildan como armónico y cálido.

Cuando yo ingrese al call lo hice con muchas ganas ya que necesitaba muchísimo el trabajo. Pero al pasar los días me empecé a dar cuenta de que el ambiente laboral no era el que ofrecían. La supervisora no estaba tan pendiente de ayudarte aprender y a crecer como decían. Al contrario el mal humor y falta de respeto de la supervisora a causa de sus problemas personales llevados al trabajo no eran normales. Le querías hacer una pregunta sobre algo que no entendías y nunca tenía tiempo. Su respuesta era: “¡ahora no puedo!, mientras que una se la tenía que arreglar como podía y si al cliente le dábamos alguna información errónea le llamaban la atención a una.

Yo hablo esto porque era nueva y mucho no entendía por eso necesitaba el apoyo y la ayuda de ella pero nunca la tuve. Me solté un poco y comencé a aprender sola. Siempre tenía ventas, no se podían quejar. No preguntaba, "no molestaba", aunque sabía que no era justo porque ellos prometieron desde el principio que ellos eran los que tenían que ayudarte a crecer. No me importó porque lo hice sola. Pero a mi supervisora no le bastó.

Siempre quería más. Lo acordado era tener aunque sea 4 ventas por días y ella quería el doble. Eso la ponía de mal humor. Comenzó a tratarme mal, a castigarme si quería ir al baño. Un día me sentía tan mal que me había bajado la presión, obviamente por tanta presión

Pedí permiso para ir a la médica. Me dijo “espera quince minutos, toma agua y se te va a pasar”. Acate lo que me dijó, pero jamás me dejó ir. Un día llego con un fuerte dolor en la panza. Comencé a vomitar e iba al baño cada dos minutos. Llamé para avisar, me dieron el permiso desde la empresa y no me presente a trabajar.

Me voy al médico, me hizo el certificado y me dio reposo por dos días. Llevo el certificado a la médica de la empresa, seguía retorcida del dolor. Me toca el vientre y me dice que no encuentra nada patológico. No me justificaron las faltas. Cansada decidí seguir igual y mi supervisora me recibe nuevamente. Me dice ponete al día y vende porque estas atrasada con las ventas. Tres compañeros míos estaban igual. Ella solo llamo a ellos tres y a mí me volvió a dejar sola ¡como una forma de castigo por haberme enfermado!

Justo ese día me llaman de la oficina de Recursos Humanos. Les comenté de mi experiencia, cómo me hacía sentir la supervisora. Llorando desconsolada le dije todo lo que me estaba sucediendo. Muy cordialmente me dijeron que iban hablar con la supervisora porque no podía pasar eso en el grupo. Pensé: bueno, va a cambiar, se va a disculpar. Pero no.

Al día siguiente me dijo agarra la supervisora me dijo: agarra tus cosas y vení. Nos dirigimos a Recursos Humanos y me dejó sola ahí. Ahí me despidieron. Me dijeron que no necesitaban más de mis servicios y le pregunte el porqué. Pregunté si había estado mal que expusiera mi queja por el maltrato cuando ellos desde un principio dijeron que cualquier problema lo hablemos. Pero al parecer la palabra de la supervisora valió más que la de una trabajadora. Le dije bueno, está bien me voy pero antes quiero preguntarle a la supervisora por qué me hizo creer que todo iba a cambiar y ahora me echan. La encargada de Recursos Humanos disfrutaba al parecer mi situación. Con una sonrisa me dijo: no, te vas porque ya no perteneces a la empresa, no tenés más nada que hacer acá, andate. Me señalo la salida y no me quedó más que agachar la cabeza cubierta de vergüenza por la humillación delante de tantas personas.






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