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Red Internacional

Desde el año pasado las autoridades y el propietario del predio donde se ubica la primaria Cristóbal Colón habían dado un salto en despojar a la comunidad de su escuela, pero mediante la lucha y tenacidad de ésta se logró recuperar. ¿Qué lecciones nos deja este proceso?

Miércoles 30 de marzo | 15:06

El conflicto ya venía de antaño según denuncian las madres y maestras, pues ya se había intentado en otros momentos despojar a estudiantes, docentes y padres de esta escuela que se encuentra en medio del centro histórico. El dueño, quien presuntamente renta el espacio desde 1924, ya no deseaba hacerlo y por tanto iba a ocupar ese espacio ganando litigios y utilizando a la SEP como cuadrilla de desalojo a través de la Dirección Operativa Número 1 de la Autoridad Educativa Federal de la Ciudad de México (AEFCM).

Así se muestra la primera lección de esta lucha, y es que el Estado, ante un conflicto que involucra un propietario particular, suele poner por encima del interés colectivo el interés privado, como lo han hecho en otros momentos y sin importar el color del partido que gobierne, como lo mostró en su momento el aeropuerto frustrado de EPN o ahora el Tren Maya de AMLO.

El poder de la unidad y otras lecciones del conflicto

Este elemento central tiene que ver con la política de ajuste al gasto social que históricamente se ha aplicado a salud, educación, vivienda y seguridad social, y ahora con la austeridad con el recorte a programas como el de Escuelas de Tiempo Completo, a guarderías y profundizando la precarización del trabajo, como en el caso de los trabajadores de Cultura en la CDMX.

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En este sentido, el cierre de la Cristóbal Colón podríamos verlo como una continuidad de las políticas de austeridad, pues para el gobierno local presuponía un gasto innecesario y era más fácil “operar la reubicación de unas cuantas decenas de niños en otras escuelas”. Pero la tenacidad, la disposición de lucha de las madres y maestras logró torcer parcialmente el curso de esta política, lo cual constituye la segunda lección.

Sostener esta lucha y evitar la dispersión de la comunidad es el resultado más visible de esta etapa del conflicto. Sin embargo, la resolución de no garantizar la propiedad permanente del inmueble y la respuesta de la autoridad de no expropiarlo, sigue dando cuenta del empecinamiento por parte del Estado en proteger al propietario, además de que esta resolución pueda ser usada como placebo para que la comunidad se desmovilice, ya que a través de la lucha se abrió la posibilidad de tener un mejor edificio, ubicado a unos metros del anterior y que les había sido negado reiteradamente sin argumentos sólidos.

Las maestras jugaron un rol fundamental, pues en distintos momentos se negaron a acatar las órdenes de la autoridad, como mantener clases en línea, resistiendo el acoso de directivos, lo cual soldó la unidad con las madres y permitió llevar adelante la lucha. La propia dinámica de esta confrontación hizo que madres y maestras pudiesen ver que había alternativa, que no necesariamente tenían que obedecer la orden y resignarse a perder el espacio donde estudian sus hijos.

¿Y ahora qué sigue?

Las y los docentes que formamos parte de la Agrupación Nuestra Clase, que hemos acompañado este proceso, consideramos que la unidad conquistada durante el conflicto puede profundizarse mediante la coordinación con otras luchas, como la de las y los trabajadores de cultura.

Al mismo tiempo, opinamos que es necesaria una exigencia contundente a las representaciones sindicales, como la de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la Sección Novena Democrática, que durante el conflicto no movilizó a las y los maestros en defensa de esta primaria, pero que tiene la responsabilidad de hacerlo para que continúe este proceso y que la comunidad escolar tenga un mejor espacio.

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Pero también a los dirigentes del SNTE, para que el sindicato ponga todos sus recursos al servico de esta justa lucha, y que de no hacerlo se muestre nuevamente la necesidad de luchar por su democratización.

Las madres y maestras de la primaria Cristóbal Colón demostraron que luchar sirve y que la unidad y la determinación para no permitir una injusticia y un atentado contra la educación pública es posible.




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