Géneros y Sexualidades

UNAM/MUJER

¿Qué implica la precarización para las docentes, trabajadoras y estudiantes en la UNAM?

El conflicto en la UNAM puso sobre la mesa como se vive la precarización, pero esta, también hace falta verla desde los ojos de las mujeres.

Joss Espinosa

@Joss_font

Jueves 13 de mayo | 20:51

La situación de precarización laboral en la UNAM y en el conjunto del gremio educativo se recrudece para las mujeres. Por un lado, la educación básica es un gremio altamente femenino e igualmente precarizado, con las clases en línea las cargas laborales aumentaron, y las maestras tuvieron que encontrar la forma de solventar los gastos de servicios e instrumentos para continuar con las clases.

Por otro lado, en las universidades, muchas de quienes hoy viven la precarización, los despidos y la falta de salarios son mujeres, siendo mucho más difícil para nosotras encontrar estabilidad en el empleo.

A esto se suman a las dobles o triples jornadas laborales que desarrollamos las mujeres: a la jornada laboral remunerada se le suman las tareas del hogar o de cuidados. El trabajo reproductivo, que es naturalizado para las mujeres, aumentó en el marco de la pandemia; con el confinamiento, y las y los niños en casa, las tareas de cuidado aumentaron, además de que recayeron en nosotras el cuidado de enfermos en el marco de la sobresaturación de hospitales.

Más allá de que la precarización recorre todo el gremio, es importante destacar que existen condiciones estructurales que aumentan la precarización en las mujeres y que obstaculizan el pleno desarrollo de las mujeres en el ámbito educativo, tanto profesional como académicamente. El simple hecho de que no existan guarderías, comedores o cuartos de lactancia, para docentes, trabajadoras y estudiantes lleva, por un lado, a la deserción escolar, o también implica una carga laboral mayor para las trabajadora y docentes, perdida de bonos, menores salarios, entre otras consecuencias expresadas en la actual brecha salarial.

A esto se suma la violencia que vivimos dentro y fuera de nuestros centros de trabajo y estudio. Una violencia que es invisibilizada por las autoridades, y que más recientemente la han “retomado” con protocolos que no resuelven de fondo la problemática, ya que son elaborados por la misma autoridad, es decir, por aquellos que nos despiden, nos dejan sin salario, sin becas y que imponen la precarización. Esos mismos protocolos, apuntan a perfeccionar y fortalecer el aparato represivo de las autoridades universitarias; por ejemplo, en la UNAM, implica fortalecer al Tribunal Universitario que se caracteriza por perseguir y expulsar a la disidencia en la universidad.

De ahí que es vital reconocer que, en el marco de la lucha contra la precarización, las mujeres de las comunidades educativas también tenemos problemáticas y reivindicaciones que se cruzan con esa misma precarización. Mismas que deben ser parte transversal de las demandas que sostenemos actualmente.

Por otro lado, el empuje que ha dado el movimiento de mujeres en los últimos años, también se expresa al interior de la universidad. Un movimiento de mujeres, que en primer lugar debe ser capaz de desarrollarse y organizarse de forma independiente a las autoridades, el gobierno y los partidos patronales. Y que, por otro lado, debe salir de las paredes de la universidad, para fortalecer también, al conjunto de las luchas en curso.

De ahí que, como Pan y Rosas, con compañeras docentes, estudiantes y trabajadoras, vemos necesario arrancar derechos elementales para lo mínimo que debería estar garantizado en las comunidades educativas.

  • Educación sexual integral no sexistas ni heteronormada, en todos los niveles educativos, desde básica hasta posgrado; que incluyan temas en torno a la sexualidad, violencia de género, feminismos, etc. Que en todas las carreras y posgrados se impartan materias obligatorias sobre estas temáticas, para reflexionar y combatir colectivamente la violencia hacia las mujeres y la comunidad LGBT+.
  • Como medida mínima elemental, se requieren cuartos de lactancia, comedores, y guarderías, así como licencias de maternidad y paternidad, financiadas por el Estado y las patronales, para que la maternidad realmente pueda ser libre y plena, y que esta no signifique el aumento de la precarización para las mujeres.
  • Exigir en todas las entidades educativas de la UNAM, centros de salud con atención integral, que incluyan atención ginecológica especializada, las cuales puedan dotar de anticonceptivos gratuitos y posibilidad de interrumpir embarazos para que toda mujer que lo solicite pueda practicarse un aborto de forma segura y gratuita, con seguimiento médico. En esos centros de salud se podrían brindar también, tratamientos hormonales para personas trans o tratamientos retrovirales para pacientes con VIH.
  • Licencias laborales y escolares para mujeres víctimas de violencia, de la mano de un acompañamiento psicológico a las mismas. Por otro lado, garantizar refugios transitorios dignos para toda mujer que sea víctima de violencia, para prevenir que aquellas a las que su integridad física, psicológica y/o emocional esté en riesgo, terminen en víctimas graves o fatales.
  • Todo esto vinculado a garantizar plenos derechos laborales para todes, con las demandas de basificación y aumento al salario que ya han puesto sobre la mesa las y los docentes de la UNAM.
  • Nada de ello puede garantizarse si no cuestionamos que pasa con el presupuesto de la universidad, combatiendo la enorme desigualdad y acabando con los sueldos millonarios de las autoridades, con una gestión tripartita del presupuesto, además de un aumento del mismo sobre la base de impuestos progresivos a las grandes fortunas.

Para ello proponemos el impulso de comisiones de género tripartitas (compuestas por docentes, trabajadoras y estudiantes), independientes a las autoridades, pero que estas las reconozcan y pongan los recursos necesarios para su pleno funcionamiento, sin que ello implique una injerencia de las mismas en las comisiones.

En ellas se podría discutir cómo enfrentar y prevenir la violencia, sobre la base de garantizar lo antes descrito como medidas mínimas. Desarrollar protocolos no punitivos, que como mencionábamos antes, no refuercen el aparato represivo de las autoridades, y que contemple las diferencias en las relaciones de poder y el nivel de violencia.

Para ello, necesitamos discutir, también esta problemática en las asambleas y en el conflicto de la UNAM, para fortalecer, tanto las demandas contra la precarización, y que estas puedan tener un impacto también en las condiciones específicas de las mujeres.

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