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Red Internacional

La vida a través de los ojos de las maestras.¿Qué realidad merecen mis alumnas y alumnos?

Han pasado ya 18 meses de pandemia y las maestras nos llenamos de historias; las tragedias familiares que vivimos y viven nuestres alumnes por la enfermedad, la muerte, los despidos y las miserias son nuestro pan de cada día.

Soledad FarfallaMaestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Miércoles 6 de octubre | 23:13

Aún en el proceso de despertar, voy en el metro camino a mi escuela. Por suerte voy a contraflujo y mi preocupación no es que haya otra mujer sobre mí producto del hacinamiento en el transporte, otra es la realidad de las que van en la dirección contraria. Mis preocupaciones son otras: los huérfanos que dejó la pandemia; las carencias en las casas de mis alumnas; las almas destrozadas en las aulas. Apenas un poco más de un mes de volver a clases presenciales y ya atendimos a 4 jóvenes por idear o intentar el suicidio.

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Después de 1 año y medio volvimos a las aulas, pero no volvimos iguales

Las maestras volvimos con miedo de enfermar o llevar el virus a casa. Así como, no todos nuestros alumnos regresaron. Hasta agosto de 2021 se contaban, por lo menos, 725 defunciones de niñas, niños y adolescentes, además, de acuerdo al INEGI 5.2 millones de los estudiantes en el país no se inscribieron a este ciclo escolar, 2.9 millones de estudiantes no regresaron porque en casa no hay recursos para sostener la escuela y el resto por algún motivo relacionado con la pandemia; los que volvieron, volvieron con los corazones rotos y los bolsillos vacíos.

Dice el CONEVAL que en el último año se generaron casi 6 millones de pobres nuevos. 66.5 millones de personas que viven en pobreza y pobreza extrema, es decir, el 70 % de la población en nuestro país no tiene garantizados plenamente derechos como alimentación, salud y vivienda

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Aunque ese metro va vacío, y me siento menos insegura, no me sale de la cabeza que el regreso a clases presenciales es un crimen, que en un mes se duplicaron el número de niños, niñas y adolescentes muertos por COVID, sólo un mes y perdimos a 90 chiquillos. ¿Y cómo no? Si el número de personas que carecen de servicios de salud paso del 16 % al 28 % del total de la población.

Y los veo en la escuela, ¡son niños! es imposible evitar que quieran convivir, se quitan el cubrebocas para comer en el receso mientras comen, hablan y ríen. Me acerco para pedirles que se separen, pero los ojos no alcanzan para cuidar a todos. Noventa niños muertos en un mes, noventa. ¿El covid y la negligencia de la SEP me arrebatará a alguno de los que están el patio? Sonó el timbre, de nuevo todos con cubrebocas, pero ahora a salones encerrados, sin medidores del CO2 y con espacio insuficiente.

Aunque inicialmente se presentó como voluntario tanto a maestras, maestros, trabajadores y alumnos nos impusieron el regreso. A docentes y trabajadores nos hicieron volver con una vacuna que pierde su efectividad en un par de semanas. A nuestros alumnos los orillaron a volver sin ni siquiera garantizar su vacunación.

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¿Pero, qué realidad merecen estos niños?

Para empezar, merecen no tener que decidir entre la salud y el rezago. Estos niños, mis alumnos y los alumnos de las maestras y maestros que leen este texto, merecen estudiar de manera segura, en escuelas dignas y con insumos que garanticen su salud, y mientras no haya condiciones, merecen todas las herramientas necesarias para mantener su educación desde casa: computadoras, internet, energía eléctrica, etc.

Ninguno tendría que quedar fuera, ni de manera presencial ni a distancia. ¡Qué vuelvan todos!, porque duele como 5 millones de punzadas que hoy nos falte el 10 % de los estudiantes en las aulas.

Merecen hogares sin carencias, en los que las familias no tengan que sacrificar la educación de uno, para poder comer. La realidad que las maestras queremos para nuestros alumnos es una en la que todos puedan acceder a servicios de salud integrales y dignos. Una realidad en la que el presupuesto para la salud no sea menor que el que se destina a la policía, el ejercito y el resto de las fuerzas armadas.

Que la vivienda y la alimentación sean garantizados plenamente, que lleguen con las barrigas llenas y con todo el ánimo para aprender con nosotras sobre ciencia, historia o matemáticas y explotar su creatividad y su ingenio.

Dieciocho meses de pandemia, casi 300 mil muertos (en números oficiales), 5.2 millones de estudiantes expulsados por la crisis, 848 decesos de niños y jóvenes, más de 5 mil trabajadores de la educación muertos. Ya va siendo hora de que el dolor y la rabia de las y los maestros se convierta en motor para transformar esta realidad que no funciona para la mayoría de los nuestros.

Las maestras y maestros de la Agrupación Nuestra Clase te invitamos a conocernos y ponerte en contacto para pelear por una realidad distinta para nosotros y todos nuestros alumnos, también te invitamos este sábado a la siguiente reunión del Movimiento Nacional por un Regreso Seguro.

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