Política México

RELACIONES INTERNACIONALES

Quiere dar el "grito" Roberta Jacobson, embajadora estadounidense

No tenía otra cosa que hacer para estrenar su cuenta de twitter que intentar quedar bien con México luego del agravio de Trump, por eso quiere dar el “grito de independencia”. ¿Cuál independencia?

Raúl Dosta

@raul_dosta

Viernes 16 de septiembre de 2016

La embajadora Jacobson conoce mucho de las costumbres mexicanas. Su carrera de tres décadas alrededor de los quehaceres diplomáticos, principalmente en la oficina Dirección de Asuntos del Hemisferio Occidental la ha llevado por varios países latinoamericanos, es decir, es buena conocedora del patio trasero yanqui, como administradora imperialista.

Su más reciente éxito es el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Involucrada en la “defensa” de Alan Gross, contratista de internet al servicio de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) que intentaba introducir una red libre del control del estado cubano y por ello condenado a 15 años de prisión. Fue resuelto el caso con un intercambio de prisioneros, pero el principal logro de Jacobson fue la declaración conjunta del presidente cubano y el estadounidense de restablecer relaciones diplomáticas, proceso que estuvo presidido por ella misma hasta la apertura de su embajada en La Habana.

Experiencia en injerencia imperialista

Al ser designada como embajadora en México, recibió el beneplácito del Secretario de Estado John Kerry: “tremenda hoja de servicios en el Departamento de Estado”. Y sí, conoce bien el patio trasero yanqui, desde el río Bravo hasta la Patagonia, y es en ese sentido que suena chocante que una administradora del imperio nos salga con que quiere festejar “nuestra independencia”. La gente que acudirá al Zócalo lo hará con gran desconocimiento de las relaciones bilaterales que nos rigen como país subordinado a EE UU pero ella no.

Ella sabe muy bien de la dependencia del mercado estadunidense de la planta productiva impulsada en México por las armadoras de autos yanquis y, sobre todo, japonesas y europeas en nuestro país. De las condiciones adversas para nuestro país del Tratado de Libre Comercio que los jerarcas de las trasnacionales estadounidenses quieren profundizar, de la entrega de la industria petrolera a las trasnacionales yanquis, con los asistentes de Hillary Clinton “coucheando” a los funcionarios del gobierno mexicano, de la carta abierta que tienen los agentes de la CIA y la DEA en nuestro territorio y la subordinación a esta última de Ejército y Armada nacionales en su “cruzada” contra el narco. ¿Cuál independencia?

Por supuesto que los viejos jerarcas del imperio estadunidense del naciente siglo XIX veían con buenos ojos que México se separara del imperio español, porque ya se relamían los labios por apoderarse de las riquezas de nuestro país y se preparaban para elaborar lo que luego se conocería como Doctrina Monroe: “América para los americanos” cuya traducción real históricamente desarrollada es “América para los yanquis”.

Seguramente que la embajadora Jacobson sigue viendo a México con los mismos ojos de sus antecesores de antaño. Lo mismo Donald Trump, cuya acción mostraba a todas luces esa arrogancia imperial en relación a nuestro país y al mismo gobierno mexicano. Por eso la señora Jacobson guardó prudente distancia y silencio en esa visita crucial para Peña Nieto, para no involucrar la diplomacia con la injerencia a título individual del candidato.

Ella misma ha comenzado a hacer injerencia abiertamente como embajadora al reunirse con Aurelio Nuño para hablar acerca de la educación, demostrando que el tema de la privatización nacional va más allá de los empresarios de Mexicanos Primero sino que también está en la mira de instituciones de los empresarios de la educación de EE.UU., que quieren extender sus tentáculos a nuestro país.

Ahora trata de reconciliar su papel de administradora del imperio con el pueblo mexicano. Pero eligió un mal momento, el día que muchos mexicanos quieren manifestarse por la renuncia del presidente y también un tema tan cuestionable. Este “día de la independencia” debemos luchar por romper la dependencia del imperialismo yanqui y de las trasnacionales de todo el mundo.

Hay que echar atrás los acuerdos comerciales que hunden nuestra economía y renacionalizar las otrora empresas estatales privatizadas, incluyendo el sistema bancario, impedir la injerencia de las instituciones del gobierno yanqui, como la DEA y la CIA, así como su representante, la señora Jacobson. La real y verdadera independencia sólo se materializará acabando con este régimen sumiso a las grandes potencias imperialistas, con la rebelión de los de abajo, los trabajadores y sus aliados del campo y la ciudad, los que sufrimos las consecuencias de dicha sumisión gubernamental y la explotación de las trasnacionales, a uno y otro lado de la frontera.






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