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Red Internacional

Madres de familia y personal de la escuela primaria Cristóbal Colón colocan lonas, mesas y sillas para tomar clases en la calle, debido a que la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México (AEFCM) dio prioridad al presunto dueño del predio, donde se ha encontrado la escuela durante más de 50 años.

Miércoles 16 de marzo | 14:53

Poco antes de que terminara el ciclo escolar anterior la AEFCM, a través de distintos funcionarios y la dirección de la escuela, habían intentado desalojar el edificio so pretexto de que se encontraba en malas condiciones. Sin embargo, la tenaz resistencia de madres, padres y maestras había puesto un freno a esta intentona y al mismo tiempo lograron imponer, con la movilización, la promesa de encontrar un lugar adecuado para alojar a los poco más de 100 niños que asisten a esta primaria.

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Después de un año la promesa no solo se incumplió, sino que ahora las autoridades volvieron a dejar sin escuela a estos niños y niñas, cuyas madres en su mayoría ejercen el comercio en las zonas aledañas al centro histórico y por sus propias condiciones no pueden desplazarse a grandes distancias, para poder dejar a sus hijo e hijas en una escuela al norte de la ciudad, como originalmente las autoridades habían propuesto como “alternativa” para que las y los estudiantes recibireran clases.

Ante la negativa de madres y padres de someterse a las autoridades, estas simplemente decidieron cerrar la escuela y dejar sin edificio a la comunidad de la Cristóbal Colón, exponiendo a estas niñas y niños, de entre 6 y 12 años, a la intemperie y en el peor de los casos a posibles contagios en una de las zonas más congestionadas de la capital del país, para darle prioridad a la propiedad del presunto dueño del predio.

Ofensiva contra la educación y otros sectores

Este atentado contra la educación pública no se puede descontextualizar de la crítica situación general del país, en donde la inflación en el último período ha sido de más del 7% y los principales recortes han sido al gasto social, como en el caso de las escuelas de tiempo completo y en la Ciudad de México con el despido de cientos de trabajadores de programas de cultura comunitaria, quienes desde hace meses vienen luchando por su derecho al trabajo.

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El deterioro del sistema educativo también se ha manifestado en la falta de pagos a docentes estatales, así como en la inmensa cantidad de trabas que se han diseñado desde el Sistema de Carrera para las Maestras y los Maestros (USICAMM) para el ingreso al servicio o el acceso a aumentos salariales y estímulos. Al mismo tiempo, la política educativa durante la pandemia ha mostrado las profundas contradicciones sociales que emanan de la desigualdad en el acceso a herramientas tecnológicas que difícilmente un hogar promedio puede solventar, situación que las madres y padres de la Cristóbal Colón han denunciado antes de ser desalojados.

Desde la Agrupación Nuestra Clase hemos acompañado este proceso desde que comenzó el ciclo escolar anterior y denunciamos el carácter reaccionario de este desalojo, ya que privilegia la propiedad privada de un particular por encima del bien público que ha representado este escuela por más de 50 años. Igual que el eslogan de esta lucha, coincidimos en que “deben construirse más escuelas, no cerrarse”. Este conflicto ha demostrado que las autoridades actuales fingieron escuchar el reclamo popular, para poder avanzar en el desgaste del descontento y poder hacer efectivo el cierre.

Lo que exigen ahora las madres y padres de familia es la apertura de un nuevo espacio acorde a las necesidades de la comunidad escolar. Para ello, o incluso para recuperar el espacio arrebatado, así como para conquistar la construcción de más escuelas, consideramos indispensable no depositar ninguna confianza en las autoridades para no caer en sus trampas. Por el contrario, es necesario llamar a la más amplia unidad del magisterio, sus organizaciones que se reivindican democráticas como la CNTE, a las madres y padres de familia de otras escuelas y a otos sectores de trabajadores para romper la pasividad e imponer las demandas con la movilización, exigiendo lo mismo a la dirección del SNTE.

Junto a ello, la fuerza se vería potenciada mediante la coordinación con otros sectores en lucha, como el Sutnotimex que lleva más de dos años en huelga y las trabajadoras y trabajadores de Cultura Comunitaria de la CDMX.

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