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Ser trabajador en bares y restaurantes: una pesadilla para la juventud precarizada

Mientras que muchos de estos centros de esparcimiento están al servicio de las clases acomodadas, también representan centros de explotación para la juventud precaria.

Joss Espinosa

@Joss_font

Miércoles 29 de julio de 2015

Cada vez es mayor la cifra de jóvenes que se ven orillados a trabajar –y en algunos casos abandonar las escuelas– ya sea para mantener sus estudios, mantenerse a sí mismos o para aportar dinero a sus casas. La cuestión es ¿a qué tipos de trabajos se enfrentan? Al ser tan jóvenes y sin experiencia se ven obligados a trabajar en las peores condiciones, con salarios precarios.

Grandes centros de explotación

Son justamente los bares y los restaurantes unos de los tantos centros de explotación, en los que se ven obligados a trabajar los jóvenes, las madres solteras, e incluso en algunos casos adolescentes que no cuentan con la mayoría de edad. Son ellos los que juegan el rol de cocineros, garroteros, meseros, bartenders, lavalozas.

En estos centros de trabajo las grandes conquistas que se arrancaron de la manos de los patrones con lucha y sangre son simplemente un anhelo, donde la jornada normal de 8 horas en un sueño y no se puede aspirar a prestaciones laborales básicas. Se enfrentan a jornadas laborales extenuantes que llegan hasta las 13 horas en los peores casos, en ocasiones sin horas de comida.

Además de no contar con prestaciones como seguro médico, vacaciones, capacitación, aguinaldo, bonos de productividad entre otros, cuentan con salarios que no cubren las necesidades de la canasta básica. Se ven obligados a doblar turnos, mientras que los dueños de los bares y cadenas restauranteras se enriquecen a costa de la explotación de la juventud.

En algunos casos los dueños de estos lugares se niegan a contratar más personal, dando dobles cargas de trabajo a los empleados. Por otro lado, estos trabajos absorben completamente el tiempo de los jóvenes, que se ven obligados a abandonar las escuelas, o en caso de las madres solteras pagar para el cuidado de sus hijos, acabando también con la posibilidad de esparcirse libremente.

De la voz de los explotados

Los sueldos para los cocineros, meseros, garroteros, lavalozas y bartenders, van aproximadamente de los $2,500 a los $4,000 pesos mensuales. Por otro lado, las propinas (que en teoría deberían de ser de aquellos que prestan el servicio es decir, los trabajadores) no se les entregan íntegras, sino que tienen que rendir un porcentaje a los patrones, y en algunos casos los meseros tienen que poner de sus bolsas dinero para cubrir en porcentaje que venden en su hora de trabajo, esto con la excusa de que “prestando un buen servicio hay buenas propinas”, con la lógica de que los ingresos del trabajadores dependen solo de que “se esfuerce”.

Pero vemos que en este mundo de miseria el trabajar de más no es sinónimo de una mejor posición económica; hablando con un trabajador de un restaurante de la zona sur nos comenta que: “Las propinas se supone que se reparten en partes iguales, entre cocina, barra y piso, menos el 5% que se queda el dueño del local, pero desde hace un mes que no nos pagan propinas, a pesar de que los meseros las rinden al encargado”.

Los jóvenes que trabajan en estos centros, se ven sometidos a presiones, maltratos e insultos por parte de los patrones, donde los de puestos más “bajos”, como los lavalozas y los garroteros, son los que más sufren este tipo de agresiones.

Por otro lado, los meseros y meseras se enfrentan a maltratos por parte de los clientes, incluso en algunos establecimientos las meseras se ven sometidas a acoso por parte de los clientes soportando agresiones verbales e incluso físicas, donde los patrones no hacen nada con el argumento de “prestar un buen servicio”.

También por ser empleado en estos lugares su tiempo depende de los patrones. Debido a que no hay horas de salida fijas se ven obligados a trabajar tiempo extra que en muchas de las ocasiones no es pagado, en cuanto a la hora de salida nos comenta el trabajador: “Mi hora de salida se supone que es a las 10 pm, pero varia, dependiendo de los clientes que haya, aunque el dueño diga que salimos a esa hora, el servicio se termina a las 10 o más tarde y después de eso aún hay que limpiar y dejar todo listo para el siguiente día”.

¿A qué se enfrenta la juventud?

Los jóvenes que laboran en estos centros de trabajo no cuentan con ninguna herramienta de organización para enfrentar los ataques que sufren. Se ven aislados de todos los demás jóvenes que se encuentran en condiciones iguales, lo que provoca despidos a quien se atreve enfrentarse a los patrones de manera individual.
La juventud se enfrenta cada vez a peores condiciones de trabajo. Es casi imposible sostenerse económicamente, no sólo en estos lugares sino en miles de centros de trabajo, en los que las jornadas extenuantes y los salarios de miseria están a la orden del día.

Es claro que ninguno de los partidos que están actualmente en el Congreso se juegan a darle mejores condiciones a la juventud en nuestro país, ni garantizan su educación o empleos que satisfagan sus necesidades. Al contrario, votan reformas y acuerdos que ponen en pésimas condiciones a este sector de la población.

Es necesario que los jóvenes nos organicemos codo a codo con los distintos sectores en lucha para poder echar atrás los planes de hambre y miseria que nos impone el gobierno. Luchar por la apertura de la matrícula en la educación media superior y superior, con becas y comedores gratuitos. Junto a esto, hay que luchar por un aumento del salario al nivel de la canasta básica, con aumentos de acuerdo a la inflación, así como igual salario a igual trabajo para todos los jóvenes y las mujeres. Así también es fundamental crear sindicatos en los centros de trabajo y que los mismos respondan a los intereses de los trabajadores.

La lucha por mejorar las condiciones de vida y defender nuestros derechos laborales nos compete ahora más que nunca a los jóvenes, en estos tiempos en que la entrega, la represión y el despojo es la política del gobierno. Los trabajadores, los jóvenes y el pueblo pobre somos los únicos que podemos ponerle un alto a las reformas estructurales.






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