Internacional

Sold Out: La cumbre de la ONU ya se vendió

A algunos puede sorprender la presencia del secretario general de la ONU Ban Ki-Moon al frente de la Marcha del Pueblo de este domingo en Nueva York.

Martes 23 de septiembre de 2014

Pero, ¿la Marcha del Pueblo no se convocó justamente para presionar a este organismo internacional y sus participantes para que se tomen medidas al respecto? Ah, entonces Ban Ki-Moon es un insider del pueblo infiltrado en las altas esferas del poder mundial… bueno, quizás esta visión sea demasiado optimista.

Lo que está claro es que la cumbre de las Naciones Unidas nació condenada al fracaso, como todas sus versiones previas: la de Río de Janeiro, Tokyo, Doha....
La cumbre climática de la ONU que se celebrará esta semana en Nueva York ya está comprometida. Como denuncia Nathan Schneider, uno de los organizadores de la marcha “Inundemos Wall Street”, las grandes corporaciones tienen una influencia determinante sobre el organismo internacional.

Un informe del Polaris Institue de 2011 describe la forma en que las grandes empresas fijan su agenda y dictan las resoluciones, a través del lobby, el financiamiento directo de proyectos y los emprendimientos conjuntos.

Sólo por dar un ejemplo, Lokheed Martin, una de las principales beneficiarias de la política guerrerista estadounidense, está entre el puñado de sponsors de la “semana climática” de la ONU, junto a Rockefeller y Bloomberg.
La preocupación por el calentamiento global y la movilización como método de protesta han puesto nuevamente sobre la mesa la cuestión climática y son una presión para los organismos de control internacional y de estadounidenses. De la misma forma que el movimiento Occupy Wall Street puso el tema de las desigualdades sobre la mesa, la Marcha del Pueblo ya forzó a la nieta de Rockefeller y al CEO de Apple a subirse al carrito del discurso ecologista.

La principal fortaleza de la manifestación del domingo fue la masividad: más de 300 mil personas inundaron las calles en un país que ostenta un marco normativo en materia ambiental a la medida de los hermanos Koch (empresarios del carbón) y las compañías petroleras y del gas. La fractura hidráulica ha adquirido un desarrollo único en el mundo, y los estragos sobre el medioambiente y la salud han sido ampliamente denunciados (ver el documental Gasland). Ni siquiera la ley de agua potable (Safe Drinking Water Act), que protege las napas subterráneas, limita la codicia destructiva de las empresas extractivas: el famoso agujero Halliburton, introducido en el Congreso por Dick Cheney, exceptúa a la actividad de fracking de las restricciones de esta ley. Halliburton es la compañía en la que Dick Cheney trabajó antes de ser Vicepresidente, y que luego de esta ley se volcó al fracking.

No es casualidad que muchos de los responsables de la contaminación global figuran entre los auspiciantes de la cumbre de la ONU o son participantes directos. La ausencia de una denuncia explícita y directa a las grandes industrias y a los gobiernos complacientes con ellas, responsables de la crisis climática, limita en gran medida las posibilidades de un cambio real.

Frente a este escenario de complicidades múltiples, se alza, entre otras, la propuesta reformista de una mayor regulación, restricciones a la contaminación e impuestos al carbono o a la emisión de gases. Estas medidas, lejos de atacar la fuente del problema, se integran a la lógica de intercambio capitalista. Los créditos de carbono son un gran ejemplo de esto. Mediante esta modalidad, las empresas que contaminan por debajo de un determinado límite pueden “vender” esos créditos a empresas más contaminantes, para que puedan producir y contaminar por encima de los límites acordados.

Dicho de otra forma, se cuantifica la contaminación, se reparte y se comercializa. Un excelente invento: la lógica mercantilista se expande a un nuevo campo. Aunque las protestas arrecien y los presidentes se disfracen de verde, está claro que la fractura hidráulica y la contaminación seguirán adelante mientras no se rompa con esta lógica del lucro por encima de todas las cosas.






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