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Red Internacional

UNIVERSIDAD. Solo el 12% de los jóvenes de los sectores más pobres ingresa a la universidad

Según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación, por el contrario, el sector de mayores ingresos cuenta con un porcentaje de ingreso casi del 50%.

Nicolás MansillaEstudiante Sociología UBA @NicxMvnsi

Yanina RuthEstudiante Sociología UBA @yan.sadu

Sábado 22 de enero | Edición del día

Según este reciente informe con datos recopilados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, solo el 12,4% de les pibes de entre 19 y 25 años que forman parte del decil mas bajo en cuanto a su nivel de ingresos, logran ingresar a la universidad.
Si vemos al decil mas alto, el porcentaje de ingreso a educación superior asciende a un 46%

La investigación del Observatorio ArgxEdu, también describe como impacta el nivel socioeconómico en la permanencia de les estudiantes a lo largo de su carrera.
Les pibes del eslabón mas bajo representan un 7,9% del total de estudiantes en el primer año de la carrera y desciende abruptamente siendo solo el 1,1% de los estudiantes que cursan el quinto año.
Aquellos que forman parte del estrato “medio” (decil 5) se mantienen estables (10,4% en el primero año y 10,4% en el quinto), pero en el estrato mas rico pasan de representar el 5,3% del total de estudiantes en el primer año al 12,7% hacia el final de la carrera

El informe arroja otros datos interesantes como que casi un 50% del sector mas bajo dice no trabajar ni estudiar, evidenciando el problema del desempleo latente en la juventud. También en cuanto al género, muestra que en el acceso a la universidad, existe un porcentaje mayor de mujeres estudiando
Quizás algunos datos quedan por estudiarse, siendo que el informe solo toma datos de jovenes de hasta 25 años, cuando sabemos que muchos de los pibes de los sectores populares y de la juventud en general, no terminan la carrera en ese lapso de tiempo por sus condiciones de vida.

¿Días de estudio? ¿Quién los conoce?

Si bien los datos son impactantes, no nos sorprenden. Según la EPH el 73% de los jóvenes para el último trimestre de 2020 estaba en la informalidad, es decir que hoy millones de jóvenes se ven obligados a aceptar jornadas laborales extenuantes, trabajos sin derechos por salarios que no llegan a igualar la canasta básica de alimentos en la mayoría de los casos. Esto es una consecuencia directa de la política de los gobiernos desde los 90 hasta la fecha que atacaron los derechos conquistados como los convenios colectivos de trabajo, la jornada de 8 hs, el derecho a la sindicalización, haciendo que avance cada vez más una reforma laboral de hecho, como lo vemos en les pibes monotributistas, trabajadores de aplicaciones, call center, terceridades, etc.

La creciente tasa de desocupación se encuentra nutrida por la juventud que con suerte consigue “alguna changa”. Cuando la desocupación rondó los 10,2% promedio según el INDEC en el cuarto trimestre de 2020, en la juventud ascendía al 19% y al 26% en el caso de las jóvenes mujeres.

Estas condiciones de vida se vieron aún más limitadas con la pandemia ya que, además de las consecuencias del ajuste del gobierno, la precarización y el desempleo, muchxs jóvenes tuvieron innumerables problemas para continuar con su cursada de forma virtual se vieron obligadxs a conectarse desde sus celulares en bares, cafés o cadenas de comidas rápidas para seguir cursando sus estudios o directamente debieron abandonarlos.

Las autoridades educativas, como el consejo interuniversitario nacional y los rectorados de las principales universidades, en estos dos años no han presentado un relevamiento serio de los problemas estructurales que hacen a la juventud que estudia. No hay datos oficiales que se hayan hecho públicos que nos den un panorama de la problemática real y cuáles son las necesidades que hay que atender para garantizar el acceso y permanencia de los sectores populares a la educación. Para no ir mas lejos en la UBA el último censo fue en el año 2010, hace ya 12 años, y mucha agua pasó bajo el puente.

Mientras tanto, el presupuesto universitario viene siendo constantemente atacado en complicidad con las autoridades y los centros de estudiantes que responden al Frente de Todos y Juntos x el Cambio. Lo vemos dia a día con instituciones las que precarizan el trabajo de docentes con sueldos bajísimos o directamente ad honorem. El gobierno nacional de Alberto Fernandez viene de proponer un ajuste de casi un 9% que fue rechazado en la cámara de diputados, tanto por la izquierda que denunció dicho ajuste, como por la oposición de derecha que proponía un ajuste mayor. En lo que va de su mandato, se pagó en términos de deuda externa, el equivalente a 1,6 presupuestos de educación que fueron a las manos de los grandes grupos financieros.

Las instituciones educativas lejos de adecuarse a la realidad de millones de jóvenes no cuentan con demandas básicas como una biblioteca, salas de estudio, un comedor para estudiantes, guarderías para xadres, becas, limitada e inadecuada oferta académica para estudiantes trabajadores, entre otras demandas que los centros de estudiantes podrían tomar en sus manos.

Voces que cuestionan la gratuidad de la universidad pública

De acuerdo a los datos publicados por el “Observatorio de Argentinos por la educación” no tardaron en pronunciarse voces que cuestionan la gratuidad de la universidad pública, como se escuchó esta semana en Radio con vos en la voz Ernesto Tenembaum y Reynaldo Sietecase.

Sintetizando el comentario de Sietecase en una oración: “Si la universidad pública no brinda la posibilidad de obtener títulos profesionales a la juventud de sectores socioeconómicos más postergados. ¿Qué sentido tiene? Si quienes logran egresarse pertenecen a sectores socioeconómicos altos ¿Por qué subsidiarlos?”
Este razonamiento simplista y lineal poner el foco en la gratuidad de la universidad pública y no en la universidad como una institución rígida que redunda y pondera las desigualdades sociales. Cómo si el hecho de arancelar la educación se tradujera automáticamente en inclusión social, cuando en realidad el efecto es totalmente el contrario limitando aún más el acceso de jóvenes pertenecientes a la clase trabajadora.

Quienes levantan esta bandera ¿se les ocurrió pensar que lxs pibxs debamos esperar a cobrar para poder comprar los apuntes? Debido a la emergencia habitacional vivimos en condiciones de hacinamiento y no contamos con un lugar físico apropiado para estudiar. Nos vernos obligados a aceptar “horas extras” para poder comprar apuntes que muy difícilmente contemos con “tiempo libre” para estudiarlos. Las condiciones de acceso a la universidad se limitan aún más si somos xadres.

Con estos datos, es prioritario abrir el debate. Se han escuchado todo tipo de opiniones. Algunes hasta aprovecharon para cuestionar la gratuidad universitaria argumentando que no garantizaba el acceso para todes, en lugar de defender ese derecho elemental y abrir el debate sobre todo lo que nos falta para que todes tengamos acceso a la educación. Comencemos la discusión por las paupérrimas partidas destinadas a educación, sobre quienes deciden y quienes las administran. Discutamos como garantizar el acceso y la permanencia de les pibes mas afectados por la crisis resolviendo el problema de la precarización laboral y el desempleo. Discutamos dejar de pagar una deuda ilegitima y fraudulenta, a costa de atacar la educación publica y las condiciones de vida de las mayorías




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