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Red Internacional

TEMPORADA DE HURACANES.Tormenta “Earl”: otra tragedia evitable

Según cifras oficiales, el número de muertos se elevó a 40 en Puebla. No hubo advertencias a tiempo para la población de la sierra.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Lunes 15 de agosto de 2016 | 20:24

Ante el anuncio de la tormenta que se avecinaba, el gobierno federal lo primero que hizo fue enviar a las fuerzas armadas y funcionarios de Protección Civil a la Sierra Norte poblana. Militarización, para prevenir cualquier erupción del descontento social. Y luego, el presidente Peña Nieto y su consorte cambiaron su destino vacacional de Cozumel a Mazatlán. Eso fue todo.

El panista Moreno Valle –el gobernador de Puebla apodado “Ley Bala” por sancionar la ley que permite el uso de armas de fuego contra manifestaciones y costó la vida de un niño– dejó fluir. Así como es rápido para criminalizar la protesta social, es inoperante ante los desastres naturales.

Los pobladores de la sierra no tuvieron más aviso que la mención en la televisión. No hubo evacuación, alerta oficial de deslaves, nada. Ninguna medida que previniera que 40 personas perdieran su vida, según el recuento preliminar. Pero bajo el lodo probablemente haya más cuerpos, junto con las posesiones de las familias humildes que allí habitaban.

Los deslaves tomaron por sorpresa a los pobladores de Xaltepec, municipio de Huauchinango: el saldo 11 muertos y daños aun incalculables. En Chicahuaxtla se dio una situación similar: un deslizamiento de tierra represó las aguas y creó una "barrancada" que arrasó con tres cuartas partes de las viviendas de la comunidad, incluyendo los postes de teléfono.

Earl, una tormenta tropical, dejó devastación a su paso: viviendas destruidas, vías de comunicación intransitables. Los que menos tienen perdieron todo. Quienes sobrevivieron se sostienen ahora de la generosidad del pueblo. Comedores populares, donaciones. Otra vez sale a la luz el espíritu solidario de los de abajo ante la tragedia, mientras la “casta política” se revela de nueva cuenta como absolutamente reaccionaria ante las catástrofes naturales, como en el sismo 1985.

Este viernes 12, Moreno Valle andaba promocionándose como presidenciable en Colima, dando una conferencia ante la militancia de Acción Nacional y empresarios. Se congratulaba que las cosechas agrícolas habían sido aseguradas y que Earl no causaría impacto negativo. Claro: los agrobusiness respiran aliviados…mientras la población se llevó la peor parte de la tormenta tropical. Y tras el desastre, se declararon en emergencia 29 municipios poblanos.

Trece muertos, 32,500 familias damnificadas y 3,900 viviendas afectadas en 48 municipios es el saldo que dejó Earl en Veracruz, mientras el priísta Javier Duarte (gobernador saliente) y el panista Miguel Ángel Yunes (el entrante) intercambian acusaciones y compiten a ver quién ha tenido más capacidad de robar al erario público. Deslaves y derrumbes fueron la constante. Y, tras el desastre, emitieron declaratoria de emergencia en 87 municipios.

Los que vienen

De acuerdo con la tercera versión de la perspectiva de ciclones tropicales 2016 del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), se prevé que esta temporada el número de ciclones tropicales ronde 20 sistemas en el Pacífico y 15 en el Océano Atlántico.

Arriba de la media histórica: el promedio de formación de ciclones tropicales con nombre en el Pacífico Nororiental es de 15 y en el Atlántico, de 12, según registros de 1970 a 2015.

En lo que resta de esta temporada, el reporte pronostica que en el Océano Pacífico se formen 10 ciclones tropicales con nombre. Siete podrían convertirse en huracanes –de los cuales seis sistemas sería posible que llegaron a ser intensos, de categoría 3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson– y tres podrían llegar a la categoría de tormentas tropicales.

En cuanto a la cuenca del Atlántico, se prevén 10 ciclones tropicales con nombre, entre los cuales seis podrían llegar a tormentas tropicales y cuatro serían huracanes, y es posible que dos sean intensos

Las construcciones precarias en zonas con peligro de deslave constituyen la única salida para tener un techo sobre sus cabezas para familias humildes que viven de la agricultura, la ganadería, la explotación forestal o la elaboración de artesanías apenas para subsistir.

A su vez, la deforestación intensiva es un factor que potencia los riesgos de deslaves y derrumbes en las regiones serranas. Las raíces de los árboles mantienen firme la tierra y cuando ya no están, el riesgo es inminente.

Luego son las trabajadoras y los trabajadores de la electricidad y los telefonistas, los de protección civil quienes deben arreglar los daños, con escasez de materiales y herramientas. Son las trabajadoras y los trabajadores de la salud quienes atienden a los sobrevivientes y tratan de evitar que se propaguen enfermedades, también con cada vez menos insumos. Son todos ellos quienes ven impotentes cómo mueren familias enteras por causas evitables.

Las catástrofes no son “naturales”: hacen estragos por la falta de previsión de las autoridades, por la voracidad capitalista que empuja a cientos de miles a vivir en la miseria, que construye viviendas y vías de comunicación en zonas con peligro de deslaves, que devasta el medio ambiente. No son los efectos destructores de “Earl”: es el capitalismo.




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