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’Toto’ López: "Reivindico la Red de Salas como herramienta política"

Conversamos con el reconocido actor y director de teatro "Toto" López, del espacio cultural "Casa Grote", sobre la situación actual del teatro independiente en la provincia, el rol de la Red de Salas y la situación de Bataclana. Una mirada bien desde adentro.

Luis Bel

@tumbacarnero

Martes 23 de julio | 14:03

Casa Grotes es una hermosa casona ubicada en el centro del populoso barrio General Bustos de la ciudad de Córdoba. Es también un espacio que se ha ganado un lugar destacado dentro circuito cultural local. Es también la casa del "Toto" López, actor y director teatral, y un gran referente a la hora de hablar del teatro independiente cordobés. Hablamos con él para conocer la situación del ambiente teatral y de las salas en general.

¿Cómo surge la Red de Salas?

La Red de Salas la conformamos en el año 1998, donde veníamos de una gran pelea por la Ley Nacional de Teatro.
Nace en esa época, y ha recorrido un largo camino, nace con la intencionalidad de poder incidir en la aplicación de la ley, en resolver los problemas que cada espacio tenía y buscar los lugares comunes de la problemática, para juntos resolverla.

Aquí, por ejemplo, hubo momentos muy importantes como lo fue Cromañón, nosotros conseguimos empezar a discutir antes de de ese hecho una ordenanza municipal que cumpliera con una cuestión fundamental: salir de espectáculos públicos, que regula lo que es la cuestión comercial de muchos espacios. Entonces nosotros como espacio entrábamos para la municipalidad como cualquier otro espacio comercial, como los bares, etc. Con todo lo que implica regular la actividad teatral desde allí, que tiene una serie de requisitorias que eran difíciles de satisfacer. Entonces empezamos a presionar colectivamente hasta que logramos la ordenanza que nos rige hoy, donde pertenecemos a cultura.

Si bien hay algunos artículos de espectáculos públicos que debemos cumplimentar, y con los que estamos de acuerdo, porque hay cuestiones de seguridad para los que gestionamos, para los artistas que vienen y para el público mismo. Aunque esto llevo también un período de adaptación, de puja y de pelea con el municipio. Hasta que pasa a ser la Dirección de Cultura la que nos rige a nosotros y que es la que dictamina si se habilita o no tal espacio.

Lo mismo ha habido controversia como cuando clausuraron La Luna, cuando nos clausuraron a nosotros, entre otras. Hubo también una embestida donde no querían dejarnos funcionar, aunque dialogáramos no daban el brazo a torcer.

Otra cuestión fue la de Santiago Maldonado, donde se allanan una serie de locales y entre ellos Bataclana, que encima se equivocan y van al lado, y luego lo persiguen a Sebastián, al Chalita.

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Ahí, desde la Mesa de Trabajo (DDHH) hicimos una presentación, de la cual a mí me tocó participar, fuimos con los abogados nuestros, con la legisladora Laura Vilches y Elina Martinelli, del espacio.

¿Cuál es hoy la situación de las salas de teatro independiente?

Hoy justo acaba de llegar la luz y venís a pegar adonde más nos duele (risas). Es una vergüenza, es el adjetivo que me sale, es irracional, es injusto. Es esta política neoliberal, donde Macri es solo la carita que asoma de esa gran tortuga. No me interesa tanto derrotar a Macri como derrotar a este proyecto que es ya reciclado, que viene viniendo. Ya desde una serie de medidas como que bajen a secretarías lo que son los ministerios, como el de Cultura. Bueno, todo lo que vienen desarrollando para achicar, para ajustar. Desde ahí ya el presupuesto se achica y depende de otras cuestiones.

Lo que han hecho en educación es terrible, lo que están haciendo de reemplazar la educación por el Servicio Civil Obligatorio, un servicio militar encubierto a través de Gendarmería, es deprimente y es preocupante.

¿Cayó el caudal de espectadores?

Para que tengas una noción, hace 3 o 4 años atrás en el prorrateo de muchas salas, de todas las que nos reunimos, la cantidad de público estaba alrededor de 35,4 personas, un cálculo estándar, donde vos tenés funciones de 70 y otras de 10. Nosotros estamos abiertos de febrero a diciembre, enero descansamos y aprovechamos para recauchutar o reacondicionar el espacio, aunque por ahí se abre eventualmente para algún evento. Hoy estamos entre 15 y 17 personas y esta cifra se corroboró en la última reunión asamblearia que tuvimos en La Parisina. Donde También reformulamos la Red, porque hay muchos espacios nuevos que son invitados para que se avengan.

Ahí la mayoría teníamos los mismos números, entre 15 y 20, con algunas funciones levantadas. A pesar de un reajuste que nosotros mismos hemos hecho, no solo de nuestros gastos, hablo del valor de la entrada. Antes esos 35 espectadores significaban otro ingreso también, muy superior al de hoy. Todas las estrategias imaginables las utilizamos para captar público.

Hay situaciones muy delicadas, el espacio La Calle peligra, a pesar de todas las cosas que está haciendo Guille, que es un hombre de teatro, que vino de la provincia de Buenos Aires a estudiar y toda su vida se dedicó al teatro. La Luna que tiene que abrir nada más los sábados porque los otros días no le dan los costos. Porque abrir la puerta ya te significa un gasto.

El aumento de los servicios nos mata. Hace dos años salimos con mucha fuerza por eso y después no la pudimos continuar. La agencia Córdoba Cultura se comprometió y no hizo nada. Estaba en ese momento Graciela Ayame, después vino de Villa María la Bedano, y tampoco. Nos dijo “Sí, ya lo vamos a hablar”, y todavía estamos en eso.

Y por ahí la Red entra en esa discontinuidad, en esa intermitencia, de todas maneras yo la reivindico como herramienta política, como un paragua que nos contiene. Hubo momentos en que nosotros rompimos con la Municipalidad, y una sala por necesidades fue allá y le dijimos “Vení que les damos la plata nosotros” y así lo hicimos. Entendiendo la problemática de los compañeros de La Nave.

¿Y qué pasa con el Estado, con el Instituto Nacional del Teatro o la Agencia Córdoba Cultura?

El Instituto Nacional del Teatro ha decaído muchísimo. Está conformado hoy con un director que viene del teatro independiente, pero es afín a esta política. Y hace uso de un resorte administrativo, que lo puso en práctica el hijo de la Parodi, Gustavo Parodi, unos meses antes de perder el anterior gobierno. Y nosotros le planteamos esto a Parodi. Porque el INT es autárquico y se manejaba de un modo en que las resoluciones salían de todos los delegados regionales, que rotan cada dos años, en el Consejo. Entonces aparece este resorte administrativo, que lo agarraron después de Parodi todos los que vinieron. Y se empezó a ensuciar todo, porque ese resorte le permite al presidente definir y resolver cosas sin el mandato de los delegados.

Después el gran recorte que hubo en todas las áreas de cultura, no solamente el teatro. Programas de excelencia, como las orquestas juveniles, cosas que llegaban a las barriadas, y esto a nivel nacional.

Acá en Córdoba desde la Comisión de Cultura, desde la Mesa de Trabajo, hicimos un gran trabajo de relevamiento, un laburo que lo costeamos nosotros. Donde nos pusimos a indagar qué pasaba con la cultura en las barriadas, en el interior provincial. Ahí aprendimos un montón, de los diferentes universos culturales que existen. Empezamos a discutir no solo el presente, sino el futuro, pensamos en una cultura a 10 años. Todo eso se cayó.

¿Cómo puede haber salas que hace años que están en un espacio y todavía alquilen, como Bataclana? ¿No hay un programa para que las salas puedan ir comprando?

A lo único que accedés es a un subsidio de mantenimiento. Con lo de Bataclana hoy tenemos todos que presionar para que el Instituto se haga cargo. El problema es que para darte la guita es un quilombo: de arquitectos, de papeles, de planos, entrás en un espiral en el que no terminás más.

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Nosotros acá alquilamos hace 18 años y una vez intentamos comprar, y nunca llegamos a cumplimentar todo lo que te exigen, siempre faltaba algo.

En el caso de María Castaña, hicimos tanto ruido que el gobierno de la provincia decidió darles un espacio en comodato por una equis cantidad de tiempo. Esa experiencia de todo lo que hicimos con María Castaña es un camino para recorrer y lograr algo con Bataclana. Porque en aquel momento la rodeamos de solidaridad, cortamos la calle Lima, hasta que consiguieron ese lugar.

Porque si no, te dicen que estás en lista de espera y ahí quedás. Por ejemplo, El Cuenco estaba acá y después tuvo que cerrar y se mudó a Alta Córdoba. La Cochera compró creo que con una beca italiana que le dieron al Paco Giménez. Las chicas de La Luna pusieron la plata ellas. La Chacarita es de ellos por una herencia. La Parisina es de la nieta de una de las dueñas.

A nosotros mismos una vez se nos complicó la permanencia y casi nos vamos a barrio Iponá.

La Municipalidad tampoco nunca nos dio pelota, ni Marchiaro, ni Mestre. No tenemos ni siquiera un subsidio para los servicios, ni rentas, nada, y los costos son altos.

Hay que pelear por el espacio este de Bataclana, porque la pertenencia es el argumento más sólido que tienen, pero sé que por su ideología e historia pueden puede estar en cualquier barrio.

El principal triunfo es que Bataclana continúe.






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