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Red Internacional

Luego de arrebatarles una mesa de diálogo “público” a las autoridades, ¿cómo se conquistan plenos derechos?

Miércoles 2 de marzo | 21:42

Desde enero del año pasado el descontento de trabajadores del sector cultural se manifestó en las calles debido a las condiciones de precarización en que venían desempeñando sus labores y la incertidumbre de su continuidad laboral. Al día de hoy, luego de la dura respuesta de autoridades mediante el despido masivo del 90% de las y los trabajadores de los programas culturales, siguen realizando acciones y se organizan en la defensa de un primer derecho laboral: la reinstalación en sus empleos.

Las y los trabajadores de cultura se encuentran regulados bajo un esquema de beneficiarixs de un programa social, pese a ser, en los hechos, trabajadores y trabajadoras.

No obstante, vemos una gran trampa porque, por un lado, cumplen con todos los requisitos que configuran su relación laboral con el gobierno de la Ciudad de México, en particular la Secretaría de Cultura, pero también otros proyectos, como Pilares, a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la CDMX; pues tenían una relación de subordinación con la misma, bajo la que llevan a cabo diversas actividades, por las cuales reciben un salario, y además, tienen una jornada establecida.

Todo lo anterior, según la Ley Federal del Trabajo (LFT), artículo 20, constituye una relación laboral de la cual se derivan derechos por parte de los trabajadores y obligaciones por parte de la patronal, representada en este caso por la Secretaría de Cultura. En síntesis, las reglas de operación no deberían regular las condiciones laborales de les trabajadores de cultura, si no deberían supeditarse a la LFT.

Por otro lado, los derechos de les trabajadores de la cultura no deben ser beneficiarios del programa social, sino lo son los usuarios, la comunidad que accede a la cultura que les trabajadores imparten día con día.

Por este accionar ilegal que aplica el estado como patrón, todo terminan en un limbo laboral, pese a los ordenamientos a nivel federal que son superiores a las reglas de operación en las que se fundamenta el programa, por lo que son éstas que en el fondo son emitidas por las autoridades, las que terminan desconociendo y omitiendo la relación de trabajo entre la Secretaría de Cultura y cientos o miles de trabajadores a los que se empeñan en llamarles becarios. Lo cual tiene como resultado crear un régimen de excepción, un vacío legal para negar todos los derechos laborales que les corresponden.

Es por esta razón que les trabajadores de cultura tienen derecho a exigir plenos derechos laborales, aunque ya se encuentran luchando la reinstalación laboral, hay una lista larga de prerrogativas laborales que en su carácter de trabajadores les corresponden y que permitirían que lleven a cabo sus labores.

Entre estos derechos nos concentramos en los siguientes:

1. Derecho a la estabilidad laboral: que les garantice la permanencia en los programas y la continuidad de los mismos, y no ser cambiados por cada administración.

2. Derecho a una jornada laboral digna: en la mayoría de los casos, laboran jornadas extenuantes de hasta 14 horas, por lo cual es necesario que tengan tiempo para sus familias, de recreación y de descanso. En ocasiones, les trabajadores cuentan que eran obligades a tener disposición completa, incluso en fines de semana y a deshoras, para desempeñar sus actividades.

3. Derecho a un salario digno: en este contexto es relevante, porque de manera arbitraria las autoridades han reducido casi la mitad de sueldo como una medida represiva y en función de los recortes presupuestales o la redistribución de los mismos.

4. Derecho a la seguridad social para las y los trabajadores y sus familias: debido a que han desarrollado actividades que los exponen a riesgos, pero que en la pandemia se incrementaron como acudir a las campañas de vacunación.

5. Condiciones de seguridad e higiene en sus centros de trabajo: deben contar con insumos y materiales para desempeñar sus labores, pues muchas veces terminaban por cubrirlos de sus propios bolsillos y realizando ellxs mismxs la limpieza.

6. Derechos colectivos y de organización para la defensa de sus intereses.

7. Acceso a la justicia laboral pronta y expedita: luego de ser despedidos, la forma de su contratación les impide demandar por la vía laboral su reinstalación ante las Junta de Conciliación y Arbitraje, e incluso el rechazo de organismos de DDHH a sus denuncias con la excusa que no hay relación laboral.

8. Prestaciones como derecho a la vivienda y derecho a una pensión digna.

La apuesta por la conquista de plenos derechos

Hay que tener en claro que estos derechos son producto de las conquistas de trabajadoras y trabajadores subproducto de qué se obtuvieron por medio de la revolución mexicana de 1910. Por lo que será la lucha la que permitirá que se cumplan, así como seguir conquistando más y mejores y extenderlos al conjunto de la clase trabajadora, pese a los regímenes de excepción que se imponen a las y los trabajadores.

En este caso en particular, desde esta visión, queda claro que, deberían ser reconocidos como trabajadores estatales como parte de la Administración pública local.

¿Cómo se logra la conquista de las demandas y de plenos derechos?

La respuesta viene de las experiencias de estos meses intensos de lucha: mediante la organización independiente, democrática y amplia para la defensa de sus propios intereses con las manifestaciones y bloqueos en las calles, las denuncias masivas de trabajadores, que sumen la suficiente fuerza para imponer a las autoridades todas las exigencias que tienen, desde la revisión y transparencia de las reglas de operación, pasando por garantizar el ingreso de todes en los programas, así como la defensa de derechos laborales.

Sin estos elementos, por muchas mesas de trabajo y diálogo, se ha visto que las autoridades han eludido la resolución inmediata, apostando a la división y desgaste de la organización.

El ingrediente fundamental para vencer es la unidad masiva de todas y todos los trabajadores de cultura, de pilares y faros, así como otros trabajadores estatales, y es cómo, con esa fuerza inmensa y organizada se arrancarán resoluciones a las autoridades que se encuentren facultadas para ejecutarlas.

Es destacado que hayan conquistado el diálogo público, pero en particular, para que miles podamos hacer una experiencia con estos personeros y el propio Estado, y ver, a través de ellos, que por más que digan que “hay voluntad de diálogo”, vienen cerrados a escuchar y resolver, ya que solo intentan imponer sus reglas.

Queda claro que las autoridades no nos han regalado nada ni lo harán, sino que se les ha obligado a dialogar y es así que, confiando en sus propias fuerzas, llamando a unirse a este gran movimiento a más trabajadoras y trabajadores, que se les arrebatarán plenos derechos laborales, pues la conquista de derechos no es transitoria, la conquista de derechos es plena.

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