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Red Internacional

El 3 de julio de 1883 nacía en Praga uno de los escritores claves del siglo XX. No todo en su obra es tan oscuro, dramático y desesperanzador como parece. Compartimos algunos aspectos de su vida y sus escritos.

Sábado 3 de julio de 2021 | Edición del día

La visión predominante tiende a mostrar a Kafka como una persona apesadumbrada, temerosa, y debilitada por la tuberculosis pulmonar que lo afectó tempranamente y recordar sólo lo que parece arrojarlo a esa madriguera oscura y sin salida, y que lo “kafkiano” es aquello que nos acerca al insecto repugnante e indescifrable que llevamos dentro.

Nada más alejado, nada más incompleto: Franz Kafka practicaba natación, remo, gimnasia y realizaba caminatas. Adhería a la terapéutica naturista y concurría al célebre centro de medicina natural Jungborn. También disfrutaba de la jardinería realizando, por ejemplo, tareas en el Instituto de Fruticultura, cerca de Praga. Fue un asiduo viajero por Bohemia, el norte de Italia, Francia, Alemania, Austria, Hungría, las playas del Báltico y Suiza, y plasmó sus impresiones de estos viajes en sus diarios y dibujos.

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Apasionado espectador cinematográfico, Franz concurría al cine en una ciudad que ya en 1907 contaba con una sala, a la que en 1914 se sumó la emblemática Kino Lucerna (“kino” en checo significa “cine”) que aún funciona. Su amigo Max Brod narra que su entusiasmo era tal que, cuando un film le gustaba, invitaba a sus amigos y hermanas a verlo, y los comentaba repetidamente. Hanns Zischiler en su libro Kafka va al cine nos acerca a las películas en cartel en esa época y que Kafka admiraba.

Es posible imaginar que habría sido un gran admirador del llamado “nuevo cine checo” que marcó un hito del cine de culto, con directores como Agnezka Holland (La zarza ardiente, 2013), Jerí Henzel (Trenes rigurosamente vigilados, 1966), Milos Forman (Atrapado sin salida, 1975; Amadeus, 1984) y de Jan Sverék (Kolya, 1996) solo para citar a algunos de los directores más reconocidos.

Su contacto con el arte teatral se dio gracias a su admiración por el actor Jizchak Löwy y fue a través de este camino que comenzó a interesarse más por la cultura judía. Su última compañera, Dora Diamant, fue una actriz polaca que estudió arte dramático en Berlín y que, luego de la muerte de Kafka y de una vida de persecuciones en Rusia y Alemania, abrió un teatro para la comunidad judía en Londres.

En sus escritos encontramos referencias a lo musical y al canto como expresiones inevitables de la existencia y de las ansias de liberación. Dice Walter Benjamin, con respecto a “El silencio de las sirenas”:

“En Kafka las sirenas callan. Quizás también porque en sus textos la música y el canto son expresión o al menos, una prenda de empeño para una escapatoria. Una prenda de empeño para la esperanza que tenemos de ese pequeño mundo intermedio, a un tiempo inacabado y cotidiano, a un tiempo consolador y pueril en que los ayudantes están en casa”

En uno de los últimos relatos que Kafka escribió en 1922, un perro que narra se sorprende ante la aparición intempestiva de una jauría que produce un estruendo estremecedor sin explicación alguna. Animales que traen la música consigo, en su cuerpo, en sus movimientos, en su danza canina. A través del perro narrador, el escritor rescata la valentía para exponerse abiertamente a la música creada.

Una vez más, Benjamin sostiene:

“Lo que es seguro: entre todas las criaturas de Kafka, son los animales los que más a menudo se ponen a meditar. Lo que la corrupción es en el derecho, es en el pensamiento de los animales la angustia. Esta angustia echa a perder los hechos y sin embargo, es lo único esperanzador en ellos. Pero dado que la extrañeza más olvidada es nuestro cuerpo, el cuerpo propio, se entiende por qué Kafka ha llamado ‘el animal’ a la tos que se abría paso desde su interior. La tos era el puesto más avanzado de la gran manada”

Otra pasión de Kafka fue el dibujo. Asistió a clases sobre historia del arte y, siendo niño, de dibujo. Decía que su mediocre profesora lo había estropeado todo. Sus dibujos más famosos son las marionetas negras de hilos invisibles (como las caracteriza Brod). Sus figuras son, en su mayoría, garabatos y siluetas que se asemejan a equilibristas que desafían la gravedad. En algunos de sus trazos, casi abstractos, los poderosos son robustos y con la nariz respingada, mientras que los desposeídos son delgados y encorvados, como si llevaran una carga en sus espaldas.

A propósito de esta imagen, Max Brod reproduce una frase de Kafka: “Qué moderada es esta gente. Vienen pidiendo. En vez de asaltar la institución y hacerla pedazos, vienen pidiendo”

La literatura, su mayor pasión

Martín Kohan, en la Introducción al libro La madriguera, dice que frente a los tantos Kafkas que podemos encontrar o lecturas de sus obras hay que quedarse: “con un rasgo compartido y esencial: siempre la literatura es lo que lo contiene y le da forma. No su literatura y ni siquiera una literatura, sino la literatura”

Kafka buscaba en la literatura un lugar de refugio crítico ante una realidad que parecía liquidar toda alternativa: En sus Diarios dice: “Las diez, 15 de noviembre de 1910. No dejaré que me asalte el cansancio. Penetraré de un salto en mi narración, aunque me llene la cara de cortes”

Gilles Deleuze y Felix Guattari en Kafka, por una literatura menor, tratan de alejarse de la imagen de un Kafka atormentado, culpable, trágico, absurdo. Para ellos no es una desesperanza, sino una visión radical de la vida, la cultura y la política. Es un escritor irónico, desterritorializado de la lengua. De ahí que hablen de una literatura menor que se escribe en medio de una lengua mayor, irreverente ante la cultura canónica. En una literatura menor se visibiliza mejor el poder subversivo de las palabras.

En su fervor por escribir, hasta llegó a ver en su enfermedad una oportunidad de liberarse de la oficina ya que, con sus reiteradas licencias, se aseguraba más momentos para escribir.

Elias Canetti, en El otro proceso de Kafka, se refiere al período en que Ottla, hermana de Kafka, lo llevó a Zurau una vez conocida su enfermedad:

“Ottla me lleva realmente sobre sus alas a través del mundo difícil; la habitación es excelente, aireada, cálida, y todo ello en una casa totalmente silenciosa; todo lo que he de comer me rodea en abundancia […] y la libertad, ante todo la libertad”.

[…] En todo caso me comporto con la tuberculosis como un niño con los pliegues de la falda de su madre, a los que se aferra […]. En ocasiones me parece que el cerebro y el pulmón se han entendido entre ellos sin mi conocimiento. ‘Esto no puede seguir así’, ha dicho el cerebro, y al cabo de cinco años, el pulmón se ha declarado dispuesto a intervenir”

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Fue obstinada la defensa de Kafka por tener momentos de soledad y silencio para la escritura. En su cuento “El nuevo abogado” se identifica con el personaje del Dr. Bucéfalo, sumergido en los libros de leyes: “Libre, sin la presión del jinete (…) bajo una callada lámpara, lejos del estruendo de la batalla de Alejandro, lee y vuelve las páginas de nuestros viejos libros”

Su inclaudicable pasión por la escritura nos permite aproximarnos a la obra kafkiana y pensarla como una manera lúcida y de algún modo esperanzadora, de comprender y enfrentarse a un mundo repleto de situaciones injustas y desesperadas.

Como decía Albert Camus, en “La esperanza y lo absurdo en la obra de Kafka”: “llega un momento en que la creación no es tomada ya por lo trágico, sólo es tomada en serio. Entonces el hombre se preocupa por la esperanza (…) en el vehemente proceso en el que Kafka trata de someter al mundo, su veredicto increíble absuelve al fin a este mundo horrible y trastornado en que hasta los mismos topos se empeñan en esperar”

Tal vez sea necesario describir y habitar los laberintos y oscuridades para poder decir lo inexplicable, ironizar las formalidades de los magistrados para denunciar la sustancia, merodear castillos para no abandonar nunca la búsqueda de un poder que dé respuestas. Definitivamente, una lectura profunda, minuciosa, completa y despojada de lecciones de escuela y prejuicios, nos permitirá disfrutar de uno de los autores más geniales del siglo XX.

Bibliografía

Benjamín, Walter (2014). Sobre Kafka. Textos, discusiones, apuntes. Buenos Aires: Eterna Cadencia Editores.

Bokhove, Niels y van Dorst, Marijke (ed.) (2011). Dibujos. Madrid: Sextopiso.

Camus, Albert (1985). La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka. El mito de Sísifo. Madrid: Alianza Editorial.

Canetti, Elías (1981). El otro proceso de Kafka. Sobre las cartas a Felice, Barcelona: Muchnik Editores.

Deleuze, Gilles y Guattari, Felix (1978). Por una literatura menor. México: Ediciones Era.

Kafka, Franz (2009). La madriguera. Buenos Aires: La Compañía de los libros.

Kafka, Franz (2015). Diarios. Buenos Aires: Debolsillo.

Kafka, Franz (2015). El nuevo abogado. Un médico rural. Praga: Editorial Vitalis.

Kafka, Franz (2019). Investigaciones de un perro. Buenos Aires: Buchwald Editorial.

Zischler, Hanns (2008). Kafka va al cine. Barcelona: Editorial Minúscula.




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