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Red Internacional

Miguel Ángel Juárez trabaja como peón de limpieza en la línea C del subterráneo. El 13 de noviembre fue golpeado salvajemente por la policía porteña y detenido durante dos días. La empresa concesionaria no reconoce lo sucedido y lo despidió. Sus compañeros están exigiendo su reincorporación.

Viernes 21 de enero | Edición del día
Foto de portada - Tiempo Argentino

El trabajador de 38 años, que vive con su familia en el Barrio Zavaleta, denunció públicamente que ese sábado 13, cuando la policía realizaba un procedimiento en una vivienda cercana a su domicilio, intervino al ver cómo la policía hostigaba a menores de entre 3 y 5 años. Pero la respuesta que recibió por defender a los niños fue una fuerte golpiza de parte de los policías, producto de la cual perdió el conocimiento. Al acercarse a la comisaría a denunciar este hecho, lo trasladaron a un Hospital, para luego volver al destacamento del barrio y leerle un acta donde se lo acusaba de delitos inventados por la misma fuerza. Al negarse a firmarlo, lo esposaron y trasladaron a la Comisaría 4C de La Boca, donde permaneció incomunicado hasta el día 15 del mismo mes.

Posteriormente a esa situación de violencia por parte de las fuerzas represivas, vino la violencia laboral. Emova (ex Metrovías), a pesar de saber lo que le había pasado a Miguel Ángel, tomó la decisión de despedirlo. Sus compañeros están exigiendo la reincorporación y no descartan posibles medidas de fuerza si la empresa no retrocede en el despido.

Esta es una situación más donde se ve claramente la política represiva, con golpizas y causas inventadas, de la policía hacia la juventud trabajadora en los barrios populares. A lo que además se suma una patronal a la que no le importan las vidas de sus trabajadores y sus familias cuando su único objetivo es seguir amasando fortunas.




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