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Red Internacional

Una condesa que empuñó las armas por la independencia y no aceptó peros para exigir iguales derechos para las mujeres. Una hermana menor, una madre y la fuerza superior. Nueva entrega del newsletter No somos una hermandad de La Izquierda Diario y El Círculo Rojo.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Lunes 18 de octubre | Edición del día

El Saint Stephen’s Green es un parque que funciona como pulmón de la ciudad de Dublín en Irlanda. En uno de sus senderos, un busto recuerda a la condesa Constance Markievicz. ¿A quién podría interesarle una condesa con nombre difícil?

Cuenta la leyenda que, cuando el levantamiento de Pascuas fue derrotado, Constance besó su revólver antes de entregarlo a las autoridades. La brigada a su mando del pequeño Ejército Ciudadano Irlandés se había destacado en los combates y ella como francotiradora. Sin saberlo, fue la primera mujer con rango en un ejército moderno. No sería su última medalla.

Una mañana de ese 1916, alguien leyó en los escalones de la Oficina General de Correos la constitución de la República independiente de Irlanda, la primera en proclamar iguales derechos políticos a todas las personas. No llegaría a aplicarse, pero hizo vibrar a las que pelearon para que la independencia que soñaban no dejara afuera a las mujeres.

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