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Red Internacional

EDUCACIÓN. Una radiografía de la salud mental en chile y el problema educacional

Marco Antonio Ávila dice que fue un error cerrar los colegios, Diputados de RN piden medidas para afrontar los problemas de salud mental ¿Pero cual es el fondo de este problema?

Lorena GjikEstudiante de licenciatura en música UA

Viernes 15 de abril | Edición del día

El 2016 Chile se posicionó como uno de los países más depresivos del mundo, situación que se agravó durante la pandemia, teniendo impactos visibles en los establecimientos educacionales y el retorno a la presencialidad, así como también en un agotamiento significativo de los servicios de salud mental existentes.

En este artículo vamos a intentar abordar más a fondo la salud mental y su impacto en la educación, pero antes de meternos de lleno debemos pensar si existe un diagnóstico del estado de la salud mental en Chile y si los hechos tales como los ocurridos en Santa Cruz son expresión de un problema mayor.

¿Existe una crisis de salud mental en Chile?

Este diagnóstico como tal no existe, ni el gobierno ni los expertos hablan tácitamente de una crisis de salud mental pero si de un empeoramiento de esta ¿será que no le han tomado el peso suficiente?

Recapitulemos, desde el inicio de la pandemia hasta hoy la salud mental ha tenido una alza importante en cuanto a tasas de suicidio, depresión y diagnostico de problemas mentales, afectando esto sobre todo a mujeres y adolescentes.

Esto en números significa que un 45,9% declara que su salud mental es peor que antes de la pandemia, lo que ha impactado en que la salud de los adultos ha empeorado en un 56%, ubicándonos como el segundo país con peor salud mental después de Turquía.

Estas cifras entregadas por el Termómetro de Salud Mental en Chile continúan estableciendo que 1 de cada 3 chilenas siente que su salud mental ha empeorado durante los años de la pandemia, lo que en porcentajes implica que el 23,6% de la población sospecha que tiene problemas de salud mental o bien las vive. Otras cifras indican que las licencias por salud mental han aumentado un 28,7% mientras que el gasto en subsidio por incapacidad laboral por esta causa subió un 24,9%.

Pero este es un problema a nivel mundial, en un artículo para CIPER escrito por el psicoanalista Juán Pablo Jiménez, que a su vez cita a la revista Lancet quienes observan que los trastornos depresivos han aumentado un 27, 6% mientras que los de ansiedad 25,6%, según datos de 204 países incluidos países del continente latinoamericano.

Dicho esto ¿existe una crisis de salud mental? Si lo miramos solo desde la perspectiva del malestar, es un rotundo sí, aunque lo más alarmante es que esto viene desde mucho antes y la pandemia sólo intensificó estos problemas.

Para sustentar esto, encontramos estudios nacionales que datan del 2017 que señalan que entre niños y adolescentes existe una prevalencia del 38% de los trastornos mentales, es decir que cuatro de cada 10 jóvenes padece alguna enfermedad mental.

¿Por qué los jóvenes y las mujeres son un sector tan afectado?

Uno de los factores más demoledores del empeoramiento de las salud mental es el recrudecimiento de la violencia de género, ya sea manifestándose en los colegios o como “violencia intrafamiliar” en la población, impactando la convivencia en el hogar, según cifras entregadas por UNICEF un 71% de les niñes y adolescentes chilenos reciben o son testigo de algún tipo de violencia en sus casas, lo que es un potente motor para problemas mentales a futuro.

Cómo enfrenta el gobierno el deterioro de la salud mental

Pese a que es una temática que se desarrolla con cifras y efectos graves en la población - como lo sucedido con el estudiante en Santa Cruz - existe un déficit importante en el financiamiento de la salud mental, ya que del presupuesto fiscal en salud solo se destina un 2% a esta dimensión, número que está muy lejos de las metas que prometieron en el Plan Nacional de salud Mental impulsado en el 2014 por el MINSAL, lo que tiene un impacto directo en la capacidad de cobertura de los problemas de salud mental en el país, que es solo de un 20%.

Expresión de esto es que de las 85 patologías que están dentro de los planes de AUGE/GES, sólo cinco corresponden a patologías neuropsiquiátricas, estas son depresión, esquizofrenia, consumo de sustancias, Trastorno Afectivo Bipolar y demencias.

El abandono de la salud publica también es parte de la crisis de la salud mental

El abandono de la salud mental tiene consecuencias concretas, en Chile existen 921 médicos psiquiatras adulto e infanto - adolescente para atención ambulatoria, al mismo tiempo hay una deficiencia en psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y enfermeros que se dediquen al área, lo que impacta en la integración de los pacientes mientras inician un tratamiento.

A esto se suma que la cantidad de Centro de Salud Mental Comunitarios, Centros de Apoyo Comunitario para Personas con Demencia, Hospitales de Día, Unidades de Cuidado y Rehabilitación Intensiva y Hogares y Residencias Protegidas es extremadamente escaso, en su mayoría están colapsados, por ejemplo en Antofagasta existen solos dos COSAM (centro de salud mental), para atender a la población adulta e infanto - juvenil.

Esto igual implica deudas en cuanto a la infraestructura hospitalaria de los mismos recintos sanitarios. Chile necesita 1.209 centros dedicados a la salud mental, sin embargo tiene 377 para todo el país, también hay una deuda en cantidad de camas, se estima que se necesitan 2.226 de estas pero solo hay 1.433.

¿Cuál es el gasto que enfrentan los pacientes de enfermedades neuropsiquiátricas?

La depresión es una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial, también la principal causa de licencias en Chile desde el 2008 y tiene un gasto comparable con el acceso a los tratamientos contra el cáncer, el resto de enfermedades mentales como el abuso de sustancias y otras patologías igualan o superan el costo, es decir pueden ser millones anuales, en medicamentos, consultas, exámenes.

Además las patologías mentales tienen costos agregados, o costos indirectos relacionados con la pérdida de productividad de las personas, quienes no pueden acceder a trabajos estables que les permitan pagar la carestía de la vida, vivienda, alimentación, educación y la misma salud, teniendo en cuenta que el sistema público no es suficiente.

En esta línea los expertos advierten que los trastornos depresivos, unipolares y bipolares, la esquizofrenia, la dependencia a sustancias, trastornos ansiosos, epilepsia, demencias, Parkinson, migraña, parálisis cerebral infantil y síndrome de déficit atencional, son las enfermedades que quitan más años de vida saludable.

Es en base a estos datos y cifras sobre la falta de oportunidades para tratar patologías que afecten la salud mental que la OMS también se ha pronunciado argumentando que hay un vínculo importante entre la precaria inversión en temáticas de salud mental y en la perpetuación del círculo de la pobreza, deteniendo así el desarrollo de los países, sin embargo más allá de esto, lo que sale a la luz es que además de la relación de género y edad, hay una relación con la clase social, la clase obrera y los sectores precarizados son los que menos opciones tienen de tratar efectivamente sus enfermedades, condenándolos a inestabilidad.

¿Por qué la salud mental y la violencia explotaron durante la vuelta a clases?

Desde el inicio de la pandemia había preocupación sobre los cuadros de angustia, la incertidumbre y el encierro, luego nos acostumbramos, algunos hicieron alarde de lo bien que se habían acostumbrado a no necesitar contacto social tan estrecho, otros se resignaron a los cada vez más frecuentes e intensos gritos en sus casas, quizás golpes, algunos vivieron con sus agresores.

Durante todo este tiempo el gobierno de Sebastián Piñera de la mano del Ministro Figueroa no dejaron de presionar para volver a las salas de clases, sin preocuparse de las medidas sanitarias. En marzo cuando se instaló el gobierno de Boric con el ministros de educación Marco Antonio Ávila, algunos esperaban que su línea fuera diferente de la del presidente de derecha, sin embargo abrazando el giro derechizante que tomó durante las elecciones, el gobierno de Boric continuó la línea de la vuelta a la presencialidad.

¿Cuál era el problema de volver a las salas?¿ Fue un error mantener los colegios cerrados?

El problema de volver a clases en un periodo sumergido en los estragos de la pandemia era que se volvían sin las condiciones necesarias, lo que implicaba tomar desde ese entonces medidas sanitarias que involucraban la sanidad mental de estudiantes y trabajadores de la educación.

¿Nos equivocamos al cerrar los colegios durante la pandemia?

Con las cuarentenas cambiaron la concepción de muchas cosas, entre ellas la percepción del espacio, del contacto físico y emocional, de la carga laboral o académica, en esta dirección es que para un retorno a clases que tome en cuenta la salud mental de la población se requería tener toda clase de espacios habilitados para evitar el hacinamiento, protocolos de contención, con cuerpos psicosociales para contener a alumnos y profesores y una inyección de recursos para reforzar las instituciones dedicadas a la salud mental publicas, por que aunque sería ideal que todes nosotres pudiéramos afrontar crisis mentales de otres no todes estamos en las condiciones de hacerlo.

En esta materia Mauricio Bonilla para la revista Pauta ha agregado como factor otros elementos que expresan la devaluación de la salud mental en los planes de emergencia sanitaria: "no solo el aislamiento social producto del covid-19, el estrés post pandemia y todo el cambio de la sociedad ha afectado. También el propio coronavirus interviene en el procesamiento o en la captación de la serotonina. Como el coronavirus es una enfermedad final inflamatoria, que tiene microinfartos muy pequeños en el cerebro, esto genera un aumento en la cantidad de serotonina lo que provoca ataques de ansiedad y posteriores depresiones".

El problema de la infraestructura en los colegios, la falta de recursos en la salud y en la educación han hecho de esta situación una bomba a contra reloj, con todas las consecuencias, que van desde sueldos impagos, agobio, estrés, violencia, acoso e intentos de suicidio en los colegios como el de la semana pasada en Santa Cruz, que es una expresión catastrófica y demoledora de toda la problemática que estamos ilustrando en este articulo.

Dicho esto cuando el Ministro Marco Ávila dice que fue un error mantener los colegios cerrados en pandemia, culpando a los profesores que exigieron el cese de las clases presenciales, se equivoca totalmente, el problema es que ni las cuarentenas ni el retorno a clases estaban pensados desde la perspectiva del cuidado de la salud mental sumándole a esto la precariedad de los sistemas de salud y educación.

Hace dos días aproximadamente que diputados de RN se juntaron para exigirle al ministro Marco Antonio Avila que sea parte del análisis para enfrentar el problema de salud mental en los colegios, a raíz del fallecimiento del estudiante de Santa Cruz , sin embargo cabe preguntarse si los abanderados de la derecha se preocupan de la salud mental poniéndose la mano en los bolsillos o si es solo para hacer política basura y beneficiarse ellos mismos con una problemática que acongoja a todos, o si esa preocupación por la salud mental de los adolescentes y niñes va a traducirse en represión como propone Mattei para solucionar el problema del acoso.

¿La vuelta a las salas de clases pudo ser diferente?

La verdad es que sí, contariamos otra historia si Boric le apretara la soga a los empresarios de la educación y la salud para salir con un plan de emergencia para este momento, por que en realidad la base de todo es la lucha por los recursos en combinación con medidas específicas que voy a pasar a detallar a continuación.

En primer lugar es necesario apoyar la lucha de los profesores por la educación publica, se merecen toda nuestra solidaridad por que son el sector que ha hablado sobre este tema denunciando la realidad de los liceos.

Así mismo los estudiantes deben organizarse, sumándose a la lucha de lxs profesores, buscando la solidaridad de otros sectores, profesionales de la salud - que lucharon contra el agobio en plena pandemia- y de las ciencias, deben apoyar esta batalla en contra de lo que es la precarización en la vida escolar.

En la misma tónica , quienes padecen de enfermedades mentales deben luchar en contra de la invisibilización y la discriminación por que lo primero para que esto no ocurra es que el estado se haga responsable, deben exigir su derecho a tratamiento integrales y efectivos ¡No Basta con las medidas ambulatorias!

Así, en conjunto profesores, estudiantes, profesionales, mujeres, jóvenes debemos exigir un plan de emergencia nacional contra la crisis de la salud mental que implique una inyección de recursos a los centros de salud mental, que los servicios de salud mental privada pasen a manos del estado para que todes tengamos acceso atención, equipos psicosociales en los lugares de estudio y trabajo, capacitación de personal médico y sueldos fijos para psicólogos, psicoteraputas y profesionales de esta área por que la precarización junto con la inestabilidad de los profesionales.

Pero también es necesario tener en cuenta que el deterioro de la salud mental es resultado de la privatización de los derechos sociales, es por eso debemos exigir un sistema de salud público, gratuito y de calidad, una educación gratuita laica y no sexista, democrática donde los estudiantes junto con trabajadorxs puedan discutir las cargas académicas, además de cuestionar también la extenuantes jornadas laborales, que agobian la vida de todes nosotres apuntando a conseguir una jornada laboral de 6 horas, cinco días a la semana.




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