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DESDE LEFT VOICE

Polémica sobre los socialistas y la candidatura del Partido Verde en EE. UU.

Howie Hawkins, un ex trabajador de correos en UPS, sindicalista Teamster (camioneros) y un izquierdista comprometido, es el candidato presidencial del Partido Verde. Promete eco-socialismo, pero el Partido Verde, incluso con un candidato de izquierda, no es una alternativa socialista a los dos partidos del capital.

Miércoles 23 de septiembre | 16:06

En tanto las elecciones de 2020 se acercan cada vez más, un sector de votantes busca una alternativa a los dos partidos principales. Joe Biden y Donald Trump representan algunos de los elementos más depravados del capitalismo estadounidense y, en medio del mayor levantamiento contra la violencia racista en la historia de Estados Unidos, ambos tienen un historial horrible de racismo. Millones de votantes, incluidos algunos de la izquierda organizada, están buscando un candidato que represente mejor su política. Este rechazo al mal menor es progresivo y muestra que el momento actual ha empujado a muchos hacia la izquierda. Muchos se sienten atraídos por Howie Hawkins y el Partido Verde.

Hawkins, el candidato a presidente del Partido Verde, es una figura atractiva: es un organizador de toda la vida, ex trabajador de UPS,sindicalista de los Teamsters y un izquierdista comprometido. El Partido Verde, que recibió alrededor de 1,5 millones de votos en 2016, adoptó formalmente la etiqueta de “eco-socialista” en su Convención Nacional de 2016. Hawkins, como todos los demás candidatos de terceros partidos, está siendo excluido en todo momento por un sistema antidemocrático de elecciones diseñado para mantener sólo a los dos partidos burgueses en el poder. Esto ha llevado a muchos socialistas a apoyar a Hawkins y al Partido Verde en la creencia de que él es socialista o que votar por el Partido Verde es una forma de desafiar al sistema capitalista. Sin embargo, la tarea de los socialistas en este ciclo electoral no es luchar contra el mal menor aliándose con los capitalistas como lo hace la estrategia del Partido Verde, sino proporcionando una perspectiva de cómo los socialistas deberían participar en las elecciones.

Un partido multiclasista que defiende el "eco-socialismo"

Si bien gran parte de su retórica es ciertamente atractiva, es importante comprender que el Partido Verde está lejos de ser un partido revolucionario, socialista o incluso de los trabajadores. Es un partido multiclasista que opera sobre el principio de que es posible reconciliar los intereses en conflicto de la clase trabajadora y la clase capitalista. Así que, mientras la plataforma del partido habla de la necesidad de arrebatar el poder de las manos del uno por ciento codicioso, el partido también nominó a Ralph Nader, un millonario y un destructor de sindicatos., como su candidato presidencial de 1996 y 2000. Pero la historia muestra que los partidos multiclasistas, sin importar sus orígenes, siempre llegan a ser dominados por sus elementos burgueses a través de los capitalistas a quienes permiten estar en sus filas. Si bien Hawkins está ciertamente a la izquierda de Nader y Jill Stein, el candidato del Partido Verde de 2016, su nombre en la boleta no cambia la naturaleza del partido en sí.

Debido a que el Partido Verde está organizado en torno a un "tema" - el medio ambiente - en lugar de una clase, ha permitido a los capitalistas entrar en sus filas y ellos tienen el control del partido. Para corroborar esto, solo tenemos que mirar la contradicción entre los sitios web de Hawkins y la plataforma del propio Partido Verde. Hawkins es el único candidato con un amplio acceso a la boleta electoral que tiene el Green New Deal como parte de su plataforma; como su propio sitio web afirma: "La implementación del Green New Deal requerirá el eco-socialismo: la propiedad social en sectores clave para planificar democráticamente el plan coordinado reconstrucción de todos los sectores económicos para la sostenibilidad ecológica”. Pero el sitio web oficial del Partido Verde es este el concepto de "eco-socialismo": "Los líderes empresariales, las agencias de publicidad e incluso Hollywood deben participar [para ayudar a combatir el cambio climático], una contrapartida para el rescate del gobierno de los bancos y las corporaciones ".

En otras palabras, el Partido Verde está perfectamente feliz de otorgar rescates gubernamentales a bancos y corporaciones en tanto ayuden en la lucha contra el cambio climático ─como si los capitalistas pudieran realmente luchar contra el cambio climático. Esto es condenatorio, considerando que los socialistas deberían luchar por la nacionalización de estos mismos bancos y poner a las corporaciones bajo el control de los trabajadores, no emitiendo cheques a los capitalistas. El Partido Verde, sin embargo, está perfectamente feliz de mantener el sistema capitalista y colaborar activamente con bancos y corporaciones. Los Verdes apoyan la propiedad privada de los medios de producción, pero con algunas regulaciones más. Eso no es socialista, no es más que un intento de reformar el capitalismo.

Colaborar con el capital es tan desastroso en la lucha contra el cambio climático como en la lucha por el socialismo. La naturaleza del capitalismo es que siempre debe expandirse y generar mayores ganancias. Para lograrlo, las empresas deben seguir explotando tanto la mano de obra como los recursos naturales. No existe tal cocsa como el "capitalismo sostenible", como tampoco existe un "eco-socialismo" que coexista de la mano de los bancos y las empresas.

El socialismo significa el control de los trabajadores de los medios de producción a través de un estado obrero, como un paso hacia la desaparición de todas las clases sociales. Bajo un sistema socialista, el medio ambiente estaría protegido por el poder de la planificación democrática de la economía por parte de los trabajadores. Proteger el medio ambiente y crear una economía ecológicamente sostenible sería una parte inherente de un sistema económico socialista. El hecho de que el Partido Verde esté utilizando el concepto abstracto y mal definido de “eco-socialismo” como lema y al mismo tiempo proponga una colaboración activa con los capitalistas muestra la absoluta bancarrota de su estrategia. Los Verdes se visten con ropa radical, pero ofrecen poco más que colaboración de clases y reformas vacías. Al final del día, el Partido Verde cree en una economía que no es ni capitalista ni socialista, sino más bien "eco-socialista"─ lo que, en la práctica, parece una versión diluida de la socialdemocracia europea donde los capitalistas pueden continuar explotando tanto a los trabajadores como al medio ambiente, ─aunque de una manera más “sostenible”─ pero al final del día, las relaciones productivas y sociales capitalistas siguen vigentes.

El socialismo es más que una simple industria nacionalizada, que es sin duda lo que implica Hawkins cuando dice "propiedad social en sectores clave". Muchos países tienen industrias nacionalizadas, pero eso no las convierte en socialistas: el estado todavía está controlado por la burguesía. Sustituir simplemente a los patrones por burócratas del gobierno no cambia las relaciones de clase dentro de la economía. Los socialistas deberían estar pidiendo la nacionalización de las industrias bajo el control de los trabajadores, lo que garantizaría que los trabajadores gestionen las nuevas empresas de propiedad estatal para satisfacer las necesidades de la sociedad, no para maximizar las ganancias. La incapacidad de Hawkins para exigir esto muestra las limitaciones de luchar por la política del "socialismo" dentro de un marco multiclasista: los capitalistas en el partido diluirán la plataforma hasta que sean solo reformas menores que no desafíen al capitalismo como un sistema económico.

El electoralismo por sí solo no es suficiente

Las limitaciones de la política del Partido Verde se pueden ver en toda su plataforma. Algunas de sus propuestas (como la creación de un Servicio Nacional de Salud) son relativamente radicales, mientras que otras (como la propuesta de "frenar el poder empresarial" a través de "rediseñar corporaciones para servir a nuestra sociedad, la democracia y el medio ambiente") plantear la peligrosa ilusión de que las corporaciones pueden servir al bien público. En conjunto, a pesar de que plantean algunas reformas que beneficiarían a la clase trabajadora, su plataforma deja muy claro que los Verdes están por reformar capitalismo, no por derrotarlo. Ninguna de las políticas del partido desafía realmente al capitalismo como sistema.

Los socialistas deben luchar por todas las reformas que beneficien a los trabajadores y a los oprimidos. Pero sabemos que los capitalistas revertirán cualquier reforma que ganemos en la primera oportunidad. El cambio real no se puede ganar mediante elecciones: ganamos concesiones reales protestando en las calles y desafiando el control capitalista de los medios de producción. Las campañas electorales, ─especialmente aquellas que son a nivel nacional─ pueden amplificar esas luchas, pero debemos formular cada lucha por reformas como parte de una estrategia más amplia para construir el poder de la clase trabajadora y derrocar al capitalismo.

Nuestro objetivo siempre debe ser promover la lucha por el socialismo, lo que significa construir una fuerza de la clase trabajadora lo suficientemente poderosa como para derrocar al estado capitalista. La participación en las elecciones puede ser una táctica importante para ayudar a construir esa fuerza, pero tenemos que resistir el tirón del electoralismo como estrategia. La historia está plagada de cadáveres de partidos que intentaron conquistar el socialismo en las urnas. Es una estrategia que solo conduce al desastre.

Cuando usemos las elecciones, debería ser para conseguir apoyo para la revolución. Tenemos que tener claro cómo usar las elecciones para avanzar en la construcción de un partido verdaderamente revolucionario, uno basado en la clase trabajadora y que se prepara activamente para el momento de la revolución, no que colabore con los capitalistas para el "eco-socialismo".

Los verdes también son un callejón sin salida para los socialistas

En un artículo de Tempest Ashley Smith y Charlie Post argumentan que: “Claramente, los socialistas necesitan participar en las elecciones cuando podamos con candidatos propios y en nuestra propia línea de votación. Es por eso que abogamos por votar por Howie Hawkins, a pesar de los problemas del Partido Verde, como un voto de protesta y alternativa al callejón sin salida del mal menor ”.

Esta cita es reveladora porque muestra la forma en que muchos socialistas que reconocen que el Partido Verde es un partido de multiclasista y no socialista están racionalizando su apoyo a Hawkins. Argumentan, como el editor Jacobin,Bhaskar Sunkara, que deberíamos votar por Hawkins como una protesta de los demócratas, pero no construir el Partido Verde como una institución. Lo más interesante de esta línea de razonamiento es que, a pesar de utilizarse como argumento contra el mal menor, presenta una lógica muy similar.

La opción del mal menor propone que apoyemos a un candidato que se opone directamente a nuestra política (Joe Biden) para resistir a un candidato que se opone aún más a nuestra política (Dondald Trump). Los problemas con esto son numerosos, muchos de los cuales se describen en el artículo de Smith y Post. Pero esta es la misma lógica que se está empleando con el llamado a apoyar a los Verdes.

El argumento es que los socialistas deberían apoyar a los Verdes ─a pesar de que su plataforma pide la continuación del capitalismo─ para protestar por un partido capitalista más de derecha. Esto demostrará que el público ha perdido el respaldo a los demócratas, lo que, según la teoría, facilitará la creación de un tercer partido de izquierda lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a los demócratas y republicanos.

Pero las contradicciones con esta posición la hacen insostenible para los socialistas. Primero, mientras que por supuesto Hawkins está a la izquierda de Biden, el Partido Verde no ayuda a la clase trabajadora en la lucha por el socialismo porque pide la continuación del capitalismo. Además, el Partido Verde no juega un papel en el avance de la lucha de clases. Estuvieron ausentes del movimiento Black Lives Matter que llevó a millones a las calles y no organizaron ningún lugar de trabajo durante la pandemia. No son parte de la lucha de clases y no promueven la conciencia de clase en los trabajadores porque los Verdes no le piden a la gente que vote por un partido de los trabajadores, sino más bien por uno multiclasista. Esto no solo ignora la centralidad de la clase trabajadora, sino que también continúa la ilusión de que la conciliación de clases es posible. Además, como hemos visto internacionalmente, si de hecho resultaran elegidos, los Verdes serían en última instancia tan devastadores para los trabajadores como cualquier otro partido neorreformista.

Además, no es posible pedir un voto a los Verdes y mientras se intenta trabajar en su contra. Estamos en un momento de profunda crisis capitalista, con millones de personas que acaban de tomar las calles y millones más sufriendo tanto por la pandemia como por la crisis económica. Ahora es el momento en que los socialistas debemos tener claro qué es exactamente lo que apoyamos. Los muchos tuits a principios de este año sobre un #DemExit (Salir del Demócrata) muestran que la gente está perdiendo la fe en el Partido Demócrata. El hecho de que el Partido Verde atraiga a millones de votantes en cada ciclo electoral ilustra que hay un apetito público por un partido de izquierda. El apoyo al socialismo entre los jóvenes es el más alto en generaciones y los socialistas tienen que ser tanto específicos como estratégicos sobre cómo construimos en el momento actual.

Un voto por los Verdes les presenta como una alternativa aceptable a los dos principales partidos del capital. En lugar de hacer el trabajo preparatorio necesario para construir un partido socialista de la clase trabajadora, estos socialistas están llamando a votar por un partido que apoya al capitalismo.

Por eso, al final del día, el argumento de votar por los Verdes tiene demasiadas similitudes con la política del mal menor como para ignorarlo. Esta estrategia parece argumentar que apoyar a un partido capitalista (incluso uno que se autodenomina “eco-socialista”) puede funcionar a nuestro favor porque permitirá condiciones más favorables para organizarnos. Pero en realidad, confunde el que pueden desempeñar las elecciones en la generación de apoyo a las ideas socialistas y ofusca la visión de los socialistas para el cambio a gran escala. Es vital que los socialistas seamos intransigentes con nuestra independencia política, especialmente en tiempos de crisis, para que nunca traicionemos a la clase trabajadora apoyando a nuestros opresores. Esta estrategia compromete nuestros principios con la esperanza de que de alguna manera nos beneficie, a pesar de que no hay evidencia que demuestre que eso ocurrirá.

El Partido Verde revela los límites de llamar por un tercer partido en abstracto. Si bien es cierto que el Partido Demócrata es un callejón sin salida para los socialistas, eso no significa que votar por cualquier partido que sea “independiente” de los demócratas o republicanos promueva el socialismo. Votar por el Partido Verde es solo otra forma en que los socialistas pueden eximirse de las elecciones.

Por un Partido de los Trabajadores que Luche por el Socialismo

Los socialistas deberían apoyar el derecho democrático del Partido Verde a presentarse a las elecciones, acceder a las urnas y participar en los debates. Pero los socialistas no deberían apoyar el voto por Hawkins y el Partido Verde como un medio de lucha por el socialismo o contra los demócratas y republicanos. Las razones son abrumadoras. El partido y su candidato están en la cama con los capitalistas porque el Partido Verde es un partido multiclasista. Nunca podrá defender el derrocamiento del capitalismo o el establecimiento de un estado obrero. En cambio, Hawkins y los Verdes proponen nacionalizar algunas industrias, promulgar algunas reformas y crear sociedades con las corporaciones para combatir el cambio climático. Ésta es una plataforma insuficiente de un partido multiclasista con una estrategia inherentemente electoralista.

No es suficiente simplemente estar a la izquierda del Partido Demócrata. Necesitamos un partido obrero que luche por el socialismo y contra el imperialismo. Necesitamos un partido que comprenda las limitaciones de las elecciones y cómo utilizarlas. Necesitamos un partido que luche por las reformas como parte de una estrategia más amplia para derrocar al estado capitalista, no como un fin en sí mismos. Y tenemos que empezar a construir ese partido ahora.

El Partido Verde no es el partido que necesitamos y, como una organización multiclasista, nunca se convertirá en ese partido, aunque algunos sectores de izquierda del Partido Verde podrían separarse del partido y ayudar a construir una organización revolucionaria. Estamos en medio de una pandemia, la peor crisis económica en décadas, una crisis climática y un avance de la derecha. No tenemos tiempo para sentarnos y esperar a que se cree este partido, tenemos que asumir las tareas preparatorias ahora. Porque la derecha avanza ahora y la única forma de contraatacar es mediante la lucha de clases y una izquierda organizada. No podemos desperdiciar nuestras energías en partidos de multiclasistas con la vana esperanza de que colapse en nuestro favor. Ha llegado el momento de empezar a organizar un partido revolucionario.

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Este artículo, del cual ofrecemos su traducción, se publicó en la página de Left Voice de Estados Unidos, que es parte de la red internacional La Izquierda Diario.

Traducido por Raúl Dosta para La Izquierda Diario México.






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