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14 de mayo de 2021 Twitter Faceboock

ELECCIONES MÉXICO 2021
Estas seis entidades no han conocido la alternancia política
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A pesar de haber anunciado con bombo y platillo que México había conocido la democracia en el año 2000, algunas entidades no han tenido gobernadores que no sean del PRI.

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Los años 90 cocinaron, "a fuego lento" [1], el régimen de la transición pactada en nuestro país. Se trataba de negociaciones con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari entre los principales partidos de oposición, en particular el recientemente creado PRD con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza, pero con un papel más desmovilizador intentando canalizar la bronca popular luego del escandaloso fraude del 88, y el derechista PAN. [2]

Es así que, mientras el PRD intentaba tener una fachada combativa y teniendo dirigentes asesinados con una dirección que estaba dispuesta a pactar con Salinas de Gortari, el PAN hacía lo suyo logrando obtener como concesiones políticas que se aceptara la victoria de su partido en varias elecciones locales y estatales. Primero obteniendo municipios en Baja California y Chihuahua, luego obteniendo gubernaturas en esos estados, a los que se sumarían Guanajuato, Jalisco, Querétaro y Nuevo León.

Finalmente, las negociaciones con Cárdenas dieron fruto: en 1997 el PRI no sólo no obtuvo la mayoría parlamentaria en el congreso en las elecciones intermedias de ese año, sino que además le dieron al "Ingeniero" la victoria en la capital del país. A partir de ese momento, la Ciudad de México dejó de tener "regentes" (es decir, gobernadores elegidos personalmente por el presidente de la república) y comenzó la etapa de los "Jefes de Gobierno" electos por la población.

En 2000 se cerraría el ciclo obteniendo la victoria Vicente Fox, terminando 70 años de gobiernos priístas ininterrumpidos y generando furor entre la sociedad, a la cual se le informó que México había "transitado por fin a la democracia" y que finalmente había "alternancia en el gobierno". Las generaciones jóvenes en aquel entonces fueron educadas bajo la idea de que "el priísmo" había terminado, que pasarían muchos años antes de que el PRI volviera a ser elegido y que se venía una etapa de "pluralidad" en la "democracia" mexicana.

Pero lo cierto es que esa alternancia fue sólo una fachada que escondía los mecanismos antidemocráticos del régimen. Se mantenía el entonces IFE que había avalado varios procesos locales, se mantenía el aparato clientelar del PRI a través del charrismo de la CTM y que otorgaba las famosas despensas y organizaba mítines de "acarreados" para sus candidatos, se mantenía en general todo el aparato que había garantizado justamente esos 70 años de gobierno.

Tan es así que, en varios estados, el PRI nunca se fue. Al día de hoy, seis entidades federativas podrían en los próximos años festejar "orgullosas" un centenario de gobiernos priístas ininterrumpidos a nivel estatal. Se trata de Campeche, Colima, Coahuila, Durango, Hidalgo y el Estado de México, de los cuales los primeros dos tendrán elecciones estatales en los comicios de julio.

Dicha situación se perpetúa con la connivencia de las autoridades electorales y las prácticas clientelares del PRI. Es un elemento que brilló por su ausencia en las movilizaciones de la década anterior, cuando la juventud que precisamente había crecido convencida de que el PRI no volvería a la presidencia vio cómo el derechista y represor de Atenco, Peña Nieto, caracterizado ante la prensa por su falta de inteligencia pero promocionado por su partido como un presidente "de telenovela" (apuesto, con una esposa actriz y una familia que aparecía en las portadas de revistas de la farándula), contendía como candidato y con el aval de la prensa hegemónica de aquel entonces.

Las movilizaciones del sexenio de Peña Nieto no pusieron los puntos sobre las "íes" en plantear que el aparato charril en los sindicatos era lo que hacía que el candidato cobrara fuerza, sin importar cuántos escándalos y conatos de fraude electoral (como boletas electorales pre-marcadas para el PRI o las despensas ampliamente documentadas en redes sociales) fueran destapados a la opinión pública. Enfrentar dicho aparato pasaba más allá de compartir la información en redes sociales, ya que implica señalar concretamente a los dirigentes sindicales priístas y enlazar una alianza de la juventud con los trabajadores para desatornillarlos de sus puestos, lo cual a su vez apunta a luchar por una recuperación de los sindicatos como instrumentos de lucha basados en la organización democrática de los mismos.

El no plantearse esta perspectiva lleva a resultados que ya hemos visto. Es el caso de cuando se dieron elecciones en el Estado de México en 2017, en las cuales el Morena tenía la posibilidad de haber ganado, pero que el PRI desplegó todo su aparato de manera ofensiva para evitar que el partido de López Obrador pudiera clamar la victoria.

Ahora que se acercan las elecciones, resulta clave señalar la relación entre charros, el PRI y el gobierno (incluyendo al antidemocrático INE). Arrancarle al PRI estos bastiones pasa por la movilización de los trabajadores para librarse de la tenaza del corporativismo al interior de sus organizaciones, las cuales los vuelve botín electoral para beneficiarse a sus expensas y no poner por delante sus intereses. Un partido de la clase obrera, por el contrario, sería el primero en plantear las necesidades de los trabajadores, pero para eso hay que organizarnos.

 
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