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La Izquierda Diario
24 de mayo de 2021 Twitter Faceboock

Declaración
La Cuarta Internacional y la creación artificial del Estado de Israel

Palestinos expulsados de sus tierras por la fundación artificial del estado de Israel

En el año 1947 la ONU aprobó una resolución para la partición de Palestina que permita la fundación artificial del Estado de Israel. La IV Internacional, fundada 9 años antes por León Trotsky, publicó la siguiente declaración a fines de 1947.

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La partición de Palestina

Después de que los "tres grandes" [1] llegaran a un acuerdo sobre la partición de Palestina, la votación en las Naciones Unidas no era más que una formalidad. El imperialismo británico se está retirando de Oriente Medio hacia una segunda línea de defensa comparable a la que se estableció con la división de la India. Dentro de los dos Estados, el judío y el árabe, Gran Bretaña conserva el grueso de sus posiciones económicas y financieras. La Legión Árabe del hipotético Estado árabe y la Haganá [2] actuarán en estrecho diálogo con el Ministerio de Guerra británico, como ocurre con los ejércitos hindúes y musulmanes en la India. Y, como en la India, la partición ha demostrado ser la mejor manera de desviar la lucha de las masas árabes y la ira de la población trabajadora judía hacia una lucha fratricida.

Las maniobras del imperialismo británico se hicieron necesarias a causa de la disminución de sus recursos. Esta disminución obliga a los imperialistas a rebajar sus "compromisos internacionales" para ahorrar tanto dólares como mano de obra y armamento. Esto se presenta de forma aún más hipócrita en el caso concreto de Palestina. De hecho, la creación de un Estado árabe independiente en Palestina es muy poco probable. Por eso, el rey Abdullah de Transjordania [3], el agente N° 1 de la City de Londres en el mundo árabe, muy bien podría conseguir integrar el este de Palestina en su reino y dar así el primer paso en la formación del imperio de la Gran Siria, objetivo final de su dinastía y de la burguesía británica en Oriente Medio. Londres seguirá gobernando sin que al contribuyente británico le cueste un céntimo. Los únicos que sufrirían por ello serían los propios palestinos.

Para el imperialismo norteamericano como para la burocracia soviética, la aceptación de la partición significa sobre todo la liquidación del mandato británico y la apertura de la lucha por heredar las posiciones abandonadas. El Kremlin se alegra por la apertura de un período de agitación en Oriente Medio, durante el cual hará todo lo posible por debilitar las posiciones británicas y preparar su propia penetración, ya sea bajo la apariencia de una "Comisión mixta de la ONU" o de una "tutela de los Tres Grandes" sobre Jerusalén. El imperialismo estadounidense se enfrenta en Palestina, como antes en Grecia, con el problema de encontrar una solución de recambio a la tutela imperialista que los británicos ya no pueden asumir. Tras la evacuación de las tropas británicas, la Haganá será la única fuerza militar con equipamiento moderno, una fuerza ajena al mundo árabe y que se utilizará, si es necesario, para luchar contra una insurgencia nativa o una amenaza rusa a las fuentes de petróleo. Por lo tanto, no debemos sorprendernos a partir de ahora si el imperialismo estadounidense, ya sea formando una "Liga Judía" o financiándola, intenta tener una influencia predominante en la Haganá y convertirla en el instrumento de su política en Oriente Medio. Pero sigue siendo evidente que un Estado judío, como el movimiento sionista que lo precedió, es considerado por las grandes potencias solo como un peón de sus maniobras dentro del mundo árabe. Un Estado así, lejos de recibir la "protección" abierta y permanente de cualquiera de estas potencias, permanecerá siempre en una posición precaria e incierta, y para su población se abrirá un período de privaciones, de terror y de terrible tensión, que no hará sino agudizarse a medida que se desarrollen las fuerzas que luchan por la emancipación del mundo árabe.

La partición de Palestina y el claro cambio de las posiciones sionistas frente al imperialismo británico –incluidas las de la mayoría de los extremistas– asestaron un golpe mortal a todas las teorías impresionistas que habían florecido con las bombas del Irgun [4]. La solidaridad fundamental de la Haganá e incluso del Irgún con el imperialismo y contra las masas árabes se ha demostrado de la manera más sorprendente. El carácter criminal del sionismo se ve claramente en el hecho de que, gracias a su papel reaccionario, los primeros movimientos de las masas árabes por una Palestina unida e independiente se dirigen contra la población judía y no directamente contra el imperialismo. Los dirigentes ultra reaccionarios del Comité Árabe para Palestina tienen así la oportunidad de mejorar su imagen derramando la sangre de los desafortunados judíos víctimas de la política sionista.

Los líderes sionistas de todo el mundo festejaron la proclamación del Estado en miniatura como una gran victoria. ¡Miserable error! La trampa de que Palestina es para los judíos, según las palabras de Trotsky, vuelve a cerrarse.

Sin un cambio radical de la situación mundial y sin el retroceso del sionismo en el movimiento obrero judío en Palestina, el exterminio completo del pueblo judío durante la irrupción de la revolución árabe será el precio pagado por los judíos por su triste éxito de Lake Success [5]. Y, por una amarga ironía de la historia, el establecimiento de un Estado judío independiente que, según los brillantes teóricos sionistas, debía erradicar el antisemitismo en el mundo, fue recibido por la erupción de una salvaje ola pogromista en Adén y una nueva ola de antisemitismo en el mundo.

La posición de la Cuarta Internacional sobre la cuestión palestina sigue siendo tan clara como en el pasado. Estará en la vanguardia de la lucha contra la partición, por una Palestina unida e independiente, en la que las masas determinarán soberanamente su destino mediante la elección de una Asamblea Constituyente. Contra los efendis y agentes imperialistas, contra las maniobras de las burguesías egipcia y siria que tratan de desviar la lucha por la emancipación de las masas hacia una lucha contra los judíos, llamará a la revolución rural, a la lucha anticapitalista y antiimperialista, que son los motores esenciales de la revolución árabe. Pero solo podrá dirigir esta lucha con posibilidades de éxito si adopta una postura inequívoca, contra la partición del país y la creación de un Estado judío.

Más que nunca, debemos llamar al mismo tiempo a las masas trabajadoras de América, Gran Bretaña, Canadá y Australia, a los trabajadores de todos los países para que luchen por la apertura de las fronteras de sus respectivos países a los refugiados, a los desplazados, a todos los judíos que deseen emigrar, sin discriminación. Solo si llevamos a cabo esta lucha con seriedad, eficacia y éxito podremos explicar a los judíos por qué no deben caer en la trampa palestina. La terrible experiencia que les espera a los judíos en el Estado en miniatura crea al mismo tiempo las premisas para la ruptura de grandes masas con el sionismo criminal. Si esa ruptura no se produce a tiempo, el "Estado judío" se ahogará en sangre.

Traducción: La Izquierda Diario

 
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