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19 de septiembre de 2021 Twitter Faceboock

DERECHO A LA EDUCACIÓN
FFyL: ¿Cómo es estudiar la carrera de Letras durante el confinamiento?
Eduardo Tonatiuh

Si las condiciones de por sí resultaban sumamente precarias en clases presenciales, ahora en la pandemia la dificultad para estudiar ha crecido.

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Soy estudiante de Letras y puedo asegurar que es una carrera complicada, no tanto por las lecturas difíciles o las traducciones de latín, sino por la falta de acceso a muchos materiales.

Cada colegio y carrera tiene sus particularidades que la hace especial. En el caso de Letras Hispánicas , como varios podrán intuir, es una carrera que requiere de mucha lectura. Sin embargo, la carrera no solamente abarca textos literarios, que, en efecto, son la gran mayoría, sino que también engloba estudios de teoría literaria, filosofía, historia del arte, crítica literaria, lingüística (la materia con carácter más científico de la carrera) y latín. Son muchas las lecturas que debemos trabajar; por ello, estudiar esta carrera se vuelve complicada debido al acceso tan restringido de estos materiales.

En clases presenciales era fácil darse cuenta de estas dificultades, ya que en la biblioteca no hay libros suficientes para satisfacer la demanda de todes les estudiantes. Esto se debe a que las autoridades, escogidas por un grupo selecto de la universidad, prefieren destinar el presupuesto a salarios millonarios, incluso antes que comprar más material didáctico. Por ejemplo, en literatura medieval trabajamos El cantar del Mio Cid como una de las primeras lecturas. Somos especialistas de la lengua, por ello deberíamos utilizar ediciones críticas, las cuales escasean en las bibliotecas y conseguirlas por cuenta propia resulta una tarea casi imposible, pues esas ediciones llegan a costar hasta $500. Si las condiciones de por sí resultaban sumamente precarias en clases presenciales, ahora en la pandemia la dificultad ha crecido.

La UNAM había lanzado un comunicado donde explicaba que utilizar bibliografía descargada “ilegalmente” está mal. Es decir, a las autoridades les preocupa más respetar las patentes, que obviamente generan ganancias pues es la capitalización del conocimiento, antes que facilitar materiales de calidad a los alumnos.

Por otro lado, hay profesores que dedican mucho tiempo escaneando sus propios libros (timepo que obviamente no les es pagado), maltratándolos y, obviamente, con una calidad tan baja que vuelve la lectura algo muy complicado.

Estos son factores que han influido en la gran deserción escolar, la más grande en muchos años producto de la pandemia, ya que según un reporte de la propia UNAM las cifras incrementaron hasta en un 229%. Si en el 2019 se vieron obligados a desertar 2 mil 343 alumnos, ahora la población que abandonó los estudios ha crecido hasta llegar a la cifra de 7 mil 700.

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A parte de las dificultades académicas que ya se expusieron (el acceso a materiales, una pésima adaptación de las clases en modalidad en línea, etc.), hay otros que tienen que ver con problemas más amplios. Pondré mi ejemplo personal para explicar mejor esto. Soy consciente que muches compañeres pasan por situaciones parecidas a las mías.

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La pandemia afectó los ingresos económicos de mi familia, como a muchas otras; mi padre es un trabajador estatal de obras viales y, a pesar de estar basificado, le recortaron el sueldo. Mi madre, además de ser empleada doméstica, podía hacer algunos trabajos esporádicos de oficina, gracias a que mis hermanos iban a clases de tiempo completo. Ahora ella debe dedicar todo el día al cuidado de mis hermanos, pues la carga recae en ella: hacer tareas, el programa Aprende en casa, además de las labores domésticas a los que está sometida.

Los ingresos no alcanzan para cubrir los estudios de un universitario, pues se necesitan muchos recursos para cubrir las necesidades básicas que exigen las clases en línea: computadora con buen rendimiento, un teléfono celular decente e internet de calidad, siendo que el más barato para tomar clases no baja de $500 mensuales.

Tuve que trabajar de albañil para comprarme un teléfono que cargara las aplicaciones básicas de classroom, zoom, google drive, dropbox. Esto porque también comparto computadora con mis dos hermanos.

Organizarnos para que no haya ni une menos fuera de la universidad

Yo no quiero dejar los estudios, aunque en ocasiones no queda otra opción. No imagino las circunstancias que orillaron a los demás compañeros para desertar. Por esto pensamos que es necesaria y vigente la unión de todes les estudiantes, junto a los trabajadores administrativos y académicos, para seguir poniendo en el renglón y evidenciar que la política que nos quieren inculcar las autoridades de “la UNAM no se detiene” es tan sólo una política criminal y egoísta con el objetivo de elitizar la universidad, excluir a las clases bajas de una educación pública y gratuita.

La universidad debe tener organizaciones independientes de las autoridades, que sean tripartitas, es decir, que comprendan al trabajador, al docente y estudiante, pues nosotres tenemos la capacidad de cambiar la forma de gobierno de la universidad, y acabar con la casta dorada que decide el rumbo de la universidad. Así también tenemos que luchar por condiciones académicas y laborales dignas, canasta electrónica y becas universales para todos.

Queremos regresar a las aulas, pues no podemos seguir con el ritmo que nos exigen en estas condiciones tan lamentables. Si regresamos, que seamos todes, seguros, en condiciones dignas, con suficientes materiales, con insumos para protegernos, con becas de manutención universales.

Sabemos que esta situación, dista de ser un relato meramente individual, sino que responde a las condiciones que vivimos el conjunto de los estudiantes, por eso te invitamos a participar de la consulta en defensa de la educación pública y gratuita, para que se escuche nuestra voz .

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