Géneros y Sexualidades

Precarización

AVON: ¿La compañía de las mujeres?

Tiempo estimado 8:51 min


La internacionalmente conocida Avon se presenta como una de las marcas más fuertes en lo que a ventas por catálogo respecta. Durante la pandemia este sector se ha visto afectado y trajo consecuencias grandes, pero no para sus ganancias sino para sus trabajadores.

Martes 21 de septiembre | Edición del día

AVON Products Inc. es una marca que, desde 1886 se viene abriendo paso en el mercado, primero con perfumes y poco a poco incluyendo todo tipo de artículos cosméticos, joyería y del hogar en sus catálogos.

Desde 2012 fue comprada junto a The Body Shop y Aesop por Natura&Co. Estar en el mismo equipo que Natura, su antigua competencia, no significó que Avon perdiera su sello distintivo que ha convertido en eslogan desde hace varias décadas: “La compañía de las mujeres”, esto debido a la enorme fuerza laboral que representamos dentro de las cadenas productivas y distribuidoras de la empresa.

Pero a pesar de su famoso lema, Avon nunca ha desaprovechado la ocasión de echar mano de las condiciones precarias en las que vivimos la gran mayoría de mujeres pertenecientes a las clases trabajadoras y populares para engrandecer sus ganancias en más de 135 países.

La ilusión de emprender tu negocio propio con Avon

Más de 50% de representantes que tiene Avon a nivel mundial son mujeres, muchas de ellas amas de casa, madres solteras o adultas mayores que a causa de la insuficiencia salarial de sus propios empleos o de los de sus familiares, se ven en la necesidad de buscar ingresos adicionales.

Al igual que numerosas empresas que se han adaptado a la flexibilidad laboral en las últimas décadas (entre ellas por ejemplo las del reparto de comida como Didi, Uber, Rappi, etc), Avon ofrece el beneficio de “ser tu propio jefe” para atraer nuevas representantes interesadas en vender sus productos.

Es verdad: no existen en el contrato horarios establecidos y prácticamente se puede elegir el tiempo que se dedica a la venta. No obstante, para el grueso de las filas de representantes Avon, es risible trabajar menos de 40 horas a la semana si se precisa un ingreso que alcance para medio vivir, medio cubrir los gastos y medio ahorrar.

Otro aspecto es que no hay una relación laboral con la empresa que permita algún respaldo a las representantes.

El contrato de Avon, en la cláusula segunda que trata del Objeto, se enuncia que “La celebración del presente Contrato tiene por objeto regular la compraventa periódica de los PRODUCTOS entre AVON y la REPRESENTANTE”, es decir, se reconoce a las promotoras bajo una relación mercantil más que laboral, siendo que es por ellas que las mercancías de Avon se distribuyen por todos los territorios en los que la compañía está presente.

Entre las consecuencias inmediatas de esta “libertad” engañosa de vender Avon, está la ausencia de derechos laborales para las promotoras: sin seguro de vida, caja de ahorros, aguinaldo, jubilación, sindicato, vacaciones, utilidades o estabilidad del trabajo y del ingreso percibido -el cual es muy variable y en muchos casos las promotoras deben completar con su dinero propio para pagar los pedidos pues ni siquiera hay una garantía de retribución en la venta por catálogo-.

Avon en la pandemia

A causa de la crisis sanitaria, millones de personas fueron despedidas de sus trabajos o sufrieron rebajas salariales. Según el diario El Economista, durante el 2020 pasamos por la oleada de despidos más grande durante una crisis económica desde 1995 en México.

Como ejemplo de ello, según las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, de marzo a junio del año pasado, tuvieron lugar un millón 113,677 despidos en nuestro país.

Aunado a esto, el ingreso al hogar disminuyó y la necesidad de las familias para cubrir sus necesidades básicas (así como la compra de insumos para prevenir contagios y, desde luego, los tratamientos para quienes enfermaron de COVID-19) aumentó brutalmente.

En medio de este panorama, las promotoras de Avon no se detuvieron. Todo lo contrario; la “Compañía de las mujeres”, cambió en cuestión de meses la producción de cosméticos por gel antibacterial, shampoo desinfectante y cubrebocas, procurando ensanchar sus propias carteras a costa de la necesidad de millones.

Magda Ferrerira, vicepresidenta de AVON para Norte y Latinoamérica, declaró para Forbes México en abril de 2020:

“Cuando vi que se vislumbraba esta situación no pensé que iba a ser tan grande, fuimos el primer mercado en el mundo levantando la mano para fabricar gel antibacterial y obviamente ampliamos nuestro portafolio de higiene”.

La desaceleración de ventas en productos cosméticos y la subsecuente reconversión de las líneas de producción de Avon en la planta de Celaya, Guanajuato para obtener insumos de higiene y cuidado, demuestra que es posible innovar en función de necesidades urgentes e inmediatas, como lo ha sido la crisis sanitaria.

Sin embargo está reconversión no fue puesta al servicio de las mujeres trabajadoras, pobres, desempleadas o enfermas, ni de abastecer al conjunto de la población con estos recursos, más bien, tuvo por completo la intención de lucrar con las miserias y necesidades producidas a partir de la pandemia .

Mientras millones nos hacíamos cargo de los enfermos en nuestros hogares enfrentando la escasez y el encarecimiento de los artículos de higiene básica, Avon enviaba a miles de nosotras de puerta en puerta a vender por catálogo sus líneas de productos sanitarios, expuestas a los contagios.

En las empresas como Avon y su homóloga “ecologista” Natura, con capacidades ingentes de producción, se debió planificar la reconversión de los procesos fabriles con el propósito de abastecer a la población de los materiales necesarios para la prevención de los contagios.

Esto sería posible mediante la autoorganización de las y los trabajadores, de manera democrática y decidiendo el destino de los recursos y productos de manera colectiva y en solidaridad con los hogares presas de la crisis.

Los derechos laborales no se adquieren por catálogo

En general, trabajar para una de las empresas líderes en venta por catálogo del mundo, deja mucho que desear. En el caso de México, existen unas pocas cifras de salarios declarados para los trabajadores contratados directamente por AVON, (obviando a quienes trabajamos tercerizados o nos contratan por temporadas), los cuales oscilan entre $4000 y $12000 (en el caso de quienes llegan a cargos de supervisión o gerencias pero que son los menos). Salarios que no alcanzan, si contemplamos que la canasta básica ronda los $15000 pesos.

Pese a que en México y debido a la crisis sanitaria Avon se vio en la obligación de mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores, extendiendo permisos por enfermedad y modificando los puestos de labores para evitar el hacinamiento, esta no es la norma, como lo muestran las movilizaciones y paros durante junio y julio de este año en Madrid, que movilizaron a los trabajadores en protesta de 129 despidos injustificados.

O la oleada de protestas en la planta de Guatire, Venezuela, que desde el 10 de mayo de este año, fue tomada por los trabajadores en exigencia del pago de sus derechos laborales y en defensa de las cláusulas de su contrato colectivo que fueron violadas por la empresa.

Quienes escribimos las líneas de La Izquierda Diario pensamos que ante estos escenarios y siendo las mujeres y la juventud una parte fundamental de la fuerza de trabajo -no solamente de Avon sino de otros sectores que incluso son esenciales-, es necesario luchar junto a nuestros compañeros y compañeras para conseguir un presente digno y un futuro alentador.

En primer lugar, sostenemos que debe haber un pleno reconocimiento laboral, no solo para las vendedoras de Avon, sino para todos los trabajadores, porque no queremos que nuestra precarización se oculte llamándonos “representantes, socios, emprendedores ni colaboradores”.

De la mano de este reconocimiento laboral, proponemos también un modelo de jornada laboral que no exceda las 6 horas, cinco días a la semana, con un salario suficiente que alcance a cubrir el costo de una canasta básica por persona, para que así podamos aprovechar el tiempo libre con nuestras familias y amigos.

Del mismo modo, en el marco de la crisis sanitaria que aún está vigente, es preciso contar con seguro médico integral y licencias por enfermedad con goce de sueldo.

Finalmente, y para que los adultos mayores -y nosotros mismos en un futuro- tengamos una vejez digna, hay que luchar por pensiones suficientes equivalentes a los años pasados operando máquinas, detrás del mostrador, vendiendo, repartiendo, ensamblando, empacando, etcétera.

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