Cultura

Efemérides

William Faulkner: de carreteras polvorientas, esclavos, ríos salvajes

Tiempo estimado 4:42 min


Observador, narrador y poeta de la vida sureña estadounidense del período de entreguerras. Su experimentalismo literario revive en las nuevas atmósferas del siglo XXI. Nació el 25 de septiembre en Misisipi. Retomamos algunos de sus textos y sus obras llevadas al cine.

Liliana Vera Ibáñez

Redacción LID @liluzlisam / IG: @Pisotomia

Sábado 25 de septiembre | 12:37

William Faulkner explicó su poética: “decirlo todo… entre la primera palabra y el punto… ponerlo todo en una frase —no solo el presente, sino todo el pasado del que depende y que supera al presente segundo a segundo”.

Faulkner fue uno de los grandes novelistas que, en el periodo de entreguerras, impulsó con su obra la renovación de las técnicas narrativas y la superación de las tendencias realistas y naturalistas de la centuria anterior.

Cuando William regresa de la guerra, a la que voluntariamente ingresa en la RAF (Real Fuerza Aérea Británica), comienza a tener ideas para sus escritos partiendo de los horrores vividos allí. El escenario de la mayoría de sus novelas es el imaginario condado sureño de Yoknapatawpha. Carreteras polvorientas, pantanos, cementerios, un ferrocarril y el gran río. Allí viven indios, esclavos, soldados, plantadores, granjeros, buhoneros, predicadores, médicos, abogados, criaturas desdichadas que muchas veces desean no haber nacido.

Su experimentalismo literario revive en las nuevas atmósferas del siglo XXI. Con párrafos sucios y agrestes, El ruido y la furia (1929) es una novela de marcado tono experimental en que la anécdota es narrada por cuatro voces distintas (entre ellas la de un retrasado mental), siguiendo la técnica del «torrente de conciencia» o "fluir de la conciencia". Es decir, la presentación directa de los pensamientos que aparecen en la mente antes de su estructuración racional. ¿Cuántos relatos contemporáneos les viene a la mente al reparar en esta técnica literaria?. Seguramente muchos.

Cuentos que no podemos dejar de leer en algún momento, aunque sea en el colectivo rumbo al trabajo, es ¡Absalón, Absalón! (1936), en los que la estructura temporal del relato se convierte en laberíntica, al seguir el hilo de la conversación o del recuerdo, en lugar de la linealidad de la narración tradicional, para mostrar el racismo, la venganza, la esclavitud.

Las palmeras salvajes (1939) es una novela única formada por dos novelas, con los capítulos intercalados, de modo que se establece entre ellas un juego de ecos e ironías nunca cerrado por sus lectores ni por los críticos: esta reclama lápiz y papel a mano para tomar notas y horas de reflexión. Desarrolla en paralelo dos grandes historias, Las palmeras salvajes y El viejo. El argumento principal de ésta intensa novela son los constantes enfrentamientos del ser humano contra la naturaleza, pero además de ello, no es sólo contra la naturaleza, sino contra sí mismo, es decir, el mar de emociones y sentimientos con los que un humano tiene que lidiar a diario.

Luego llegarían obras famosas: El villorrio (1940) y sus cuentos más conocidos de esta época pueden leerse en ¡Desciende, Moisés! (1942). Como guionista, habría que destacar su trabajo en Vivamos hoy (1933), Gunga Din (1939) o El sueño eterno (1946).

Fue capaz de crear personajes mujeres que se rebelaban contra los mandatos de la época, como nos cuenta Cecilia Rodríguez en este artículo, aunque no fue precisamente un feminista ni mucho menos.

Su temeraria pretensión de abarcar la totalidad de lo real mediante un texto conduce necesariamente a la ruptura con lo conocido, cultiva la paradoja, el fragmento, la incongruencia. Y aclaramos, para quien decida meterse en el mundo Faulkner por primera vez, siempre deja dudas sin resolver, pues entiende que la incertidumbre es un principio vital y no una imperfección. Jorge Luis Borges y Juan Rulfo se basaron en las innovaciones de Faulkner en la creación de universos ficticios.

Recomendamos dos películas basadas en las novelas de este escritor, ganador del Nobel de Literatura:

  •   Han matado a un hombre blanco (1949), de Clarence Brown, basada en Intruso en el polvo: un inocente hombre negro, Lucas Beauchamp, descendiente de esclavos, se entrega al sheriff por un delito que no ha cometido– está protagonizada por el abogado idealista Gavin Stevens.

  •  El ruido y la furia (1959), de Martin Ritt, basada en la novela homónima, retrata la descomposición y corrupción moral de la aristocrática familia Compson. Los tres monólogos interiores de la novela correspondientes a los tres hermanos –Benjy, Quentin y Jason– en la película se convierten en un relato plural y omnisciente.





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